martes, marzo 27, 2007

IÑAKI EL RAZA LOBA

. martes, marzo 27, 2007
12 Perdieron el tiempo aquí

-¿Y luego qué pasó?, Iñaki.
-Pues nada, un día que volviéramos a Euskadi de incógnito la pillé con un guardia civil en la cama.
-¿Y como sabes que era un guardia civil?

-¡Joder, español, te lo tengo que explicar todo! Era un guardia civil porque tenía allí el uniforme y el tricornio, la suerte que tuvo fue que no logré encontrar su pistola.
-Sino sería una víctima más, ¿no?.
-Exacto, español. Años después me enteré de que se trataba de uno de los nuestros que se había infiltrado en las filas enemigas.
-¿Y qué hiciste entonces?
-Juré por mis sagrados cojones que mataría a todos los uniformados que se me cruzaran por el camino.
-¿Y Helena?
-Yo me volví a Francia, pues aquí estaba en busca y captura. Allí tuve una charla con un dirigente de la banda:


-Oye, Iñaki, te veo bajo de moral, ¿te ocurre algo?
-¡Nah!
-¿Es Helena, no?
-¿Cómo lo sabes?
-Yo me entero de todo.
-Ella me amaba.
-¿Te lo dijo alguna vez?
-No, pero follaba que era una maravilla.
-Lo sé.
-¿Contigo también?
-De vez en cuando.
-¡Será zorra!, yo pensando que era la mujer de mi vida y resulta que es más puta que las gallinas.

-Estás equivocado, Iñaki. Ella no te ama ni a tí, ni a mí, ni a nadie, ella sólo ama a ETA y le es totalmente fiel, lo de acostarse con unos o con otros forma parte de su trabajo de reclutamiento, aunque el caso del guardia civil creo que es distinto, creo que hay algo más, pero de todas todas deberías seguir su ejemplo.
-Por lo menos me debería haber dicho algo con respecto a sus verdaderas intenciones.
-¿Y si te hubiera dicho la verdad estarías ahora aquí?
-No
-¿Entonces?
-Yo quiero casarme y tener una mujer que cocinara bien, que me zurciera los calzoncillos y a la que pudiera follar cuando me viniera en gana. E hijos, también quiero tener hijos a los que azotar con la hevilla del cinto cuando se portaran mal.
-Pues eso no va a poder ser de momento, tenemos otros planes para tí.
-¡Pues no me interesan!, yo me vuelvo a España.
-Mira, Iñaki, me caes bien aunque eres un poco impulsivo, te voy a explicar cuál es tu situación:
Si te vas a España, en el supuesto que llegues con vida ...
-¿Con vida?
-Te guste o no, ya eres uno de los nuestros, sabes demasiado, tu marcha sería considerada una traición y eso en nuestro código ético se paga con la muerte.
-Vaya, no sabía que había un código ético.
-No es que sea necesario, pero echamos mano de él en situaciones difíciles.
Continúo, ... en caso de que llegaras con vida a España no tardarías mucho en ser apresado y acusado de pertenencia a banda armada y asesinato.
-¿Asesinato? ¡Pero si yo no he matado a nadie!, aún.
-Tenemos gente que es confidente de la policía, bastaría un soplo y unas cuantas pruebas incriminatorias y estarías pringado hasta las cejas.
-¡Qué hijos de puta sois!
-Ya ves, es lo que hay, ¿lo tomas o lo dejas?
-Lo tomo, lo tomo, y no me hace falta que me mires así.

En ese momento empezó mi verdadera instrucción como terrorista, por las mañanas estudiaba y por las tardes aprendía el manejo de las armas (aunque gracias a la mili y a la Ertzantza ya me manejaba bastante bien) y la fabricación y manipulación de explosivos.
-¿Estudiabas?
-Sí, español, me aprendí de pe a pa el catecismo de ETA, el nacionalismo independentista abertxale, todos los días de nuestro señor hasta que me lo supe.

-Vamos, como los musulmanes con el Corán, te lavaron el cerebro pero bien, ¿no?
Otra vez apareció en su cara la eterna mueca de desdén.
-Español, te la estás jugando. No me lavaron el cerebro sino que me hicieron ver la luz.
-Ya, ya lo sé.
-Luego continué mi preparación en Argelia, ahí aprendí a manejarme sobre el terreno, me convertí en un guerrero, el Guerrero Raza Loba me llamaban.
-¿Raza Loba?, ¿qué coño es eso?
-En la mili tenía un compañero que era de Galicia y siempre llamaba a los pastores alemanes, perros de "raza loba", supongo que sería por su semejanza, en lo que a aspecto se refiere, con los lobos.
Una vez de maniobras me miró a los ojos y me dijo que de verdad yo también tenía cara de "raza loba".
Cuando les conté esta anécdota a los otros terroristas desplazados a Argelia me bautizaron como Iñaki el "Raza Loba" y todavía lo soy.
-¿Raza Loba tú?,jajaja, ¡mírate bien!, si no pasas de podenco famélico.
Las venas del cuello se le hincharon y su tez se volvió violácea, ya no era la primera vez y sabía que eso era significado de que me iba a amenazar otra vez.
-¡Español ....!
-Ya, ya, ya sé lo que viene, no hace falta que me lo digas.

martes, marzo 20, 2007

DE JUANA, DE FACHA A ETARRA POR 5 KILOS Y UN POLVO

. martes, marzo 20, 2007
16 Perdieron el tiempo aquí

-¿Así que entraste en la banda por dinero, ¿no?
-Básicamente sí, y también por amor.
-Vaya, lo primero aún lo entiendo, pero lo segundo ..., ¿te refieres a amor por tu tierra y cosas de esas?
-Me refiero a amor por una mujer, español.
-Pues sólo te falta la salud, así podrías decir que te hiciste terrorista por salud, dinero y amor.
-Por aquella yo era un chico ingénuo, un tontolabas, vamos, vestía jerseys de rombos, camisas solaponas, pantalones de campana, y llevaba el pelo brillante e impecable; yo era de esos que llevaba el peine en el bolsillo de la camisa. Debido a mis amistades simpatizaba con Fuerza Nueva, un partido ultraderechista radical, muy al estilo del PP de ahora.
-Vamos, que eras un fachilla, ¿no?
-¡Español, mide tus palabras! o te arranco las entrañas y se las tiro a los perros.
-Sí, ya, y luego te cambiaste de bando, ¿no?
-Claro, hice la carrera de Enfermería y luego me enrolé en la Ertzaintza, allí abrí los ojos.
-¿Así que fuiste poli y enfermero?
-Bueno, apenas llegué a ejercer ninguna de las dos cosas.
-¿Y eso?
-Enfermería no me gustaba porque había que ayudar a la gente y lo de ertzaina porque estaba hasta los huevos de recibir órdenes, pero todo cambió cuando apareció ella.
-¿Ella?
-Sí, se llamaba Helena, vivía en Bayona, era familiar de un compañero, por ella me hice terrorista.
-¿Pero no habías dicho que todo había sido por dinero?
El etarra tenía la vista fija en el techo de la ambulancia, hablaba pero no me miraba, ni siquiera tomó en cuenta mi observación.
-No es que fuera muy guapa, pero tenía personalidad, una personalidad abrumadora, me quedé prendado de ella desde el primer día en que la ví. Tenía un algo, no sé, a ella era incapaz de decirle no.
Así fue como acepté su encargo de robar un par de cientos de pistolas en la Diputación de Guipúzcoa, me pagaron 5 millones de los de aquella época. Pensé que no sospecharían de mí pero me equivoqué y acabaron por descubrirme. Con mis ex-compañeros ertzainas pisándome los talones no tuve más remedio que huir a Francia, a la casa de Helena, claro.
Cuando estuvimos a salvo me dijo:
-Bienvenido a la clandestinidad, Iñaki.
-Ignacio, me llamo Ignacio.
-No, ahora eres un etarra y te llamarás Iñaki.
Como dije antes no era capaz de decirle que no.
-Pero si yo no tengo nada que ver con Eta, es más, detesto a los terroristas.
-Las pistolas que robaste son para Eta, lo quieras o no ahora todos pensarán que eres uno de los nuestros.
-¿Pero tú eres de Eta?
-Pues claro, tonto, pertenezco al aparato de reclutamiento.
-Joder, pero yo soy español, de derechas de toda la vida, no sé, pensé que estabas enamorada de mí y resulta que me estabas utilizando.
-Bueno, puede que haya un poco de todo. -me dijo mientras se quitaba el jersey y dejaba a la vista sus pechos.
La verdad, esa fue la primera vez que disfruté como adulto de los senos femeninos, pues por aquella época yo todavía era virgen, y no era por falta de haberlo intentado.
-Vamos que por aquella no te comías una rosca, ¿no?. Supongo que eras de los que se mataban a pajas, jajajaja.
-¡Español, qué poco aprecio le tienes a la vida!
-Era una broma, desde luego,¡qué poco sentido del humor tienes!. Anda, sigue.
El terrorista me miró de arriba a abajo con su habitual mueca de desdén y prosiguió con la historia:
-Ella se me fue acercando muy muy despacio, estaba preciosamente desnuda de cintura para arriba, colocó sus manos en los pechos a modo de sujetador y me preguntó:
-¿Te gustan?
Asentí repetidas veces con la cabeza, incapaz de pronunciar palabra alguna.
-Vaya, te has quedado mudo. Es la primera vez, ¿no?
Volví a asentir con la cabeza.
-Acércate y toca, no tengas miedo.
Tenía los pezones erectos apuntándome provocadoramente. Yo me había quedado totalmente embobado viéndolos. Ella, apreciando mi total falta de decisión, pasó una mano por mi nuca y empujó mi cabeza contra su pecho derecho. Al notar el roce de su pezón con mis labios un hormigueo me recorrió todo el cuerpo, abrí la boca todo lo que pude y empecé a succionar como lo haría un recien nacido hambriento.
-Iñaki, estás mamando el Movimiento de Liberación Nacional Vasco, espero que te guste. -me dijo entre jadeos.
No le respondí, pues tenía la boca ocupada.
Mientras yo me empachaba de Movimiento de Liberación, sus hábiles manos me iban despojando de la ropa. Lo que vino después ya te lo imaginas, penetré hasta lo más profundo en el ideal terrorista, terminando el polvo entre jadeos y gritos de "Gora ETA y Euskalherría".
-Lo recuerdas como si fuera ayer, ¿no?
-Sí, se trataba de una lluviosa tarde de noviembre, en una cálida habitación de una casona del suroeste de Francia, mientras el viento azotaba la lluvia contra los cristales de la ventana.
-Pues vaya sitio y vaya manera de estrenarte.
-Es verdad, siempre había tenido bastante éxito con las chicas. Solía salir con bastantes, todas ellas niñas bien, de derechas, fascistas, pero todo quedaba ahí, en salir, como mucho algún que otro beso con lengua y poco más.
-Unas estrechas, ¿no?.
-Unas calientapollas, me decían que ellas querían llegar vírgenes al matrimonio y luego me enteraba de que se las acababa cepillando todo dios menos yo.
-Lo tuyo es fuerte Iñaki, pasaste de facha a etarra por un polvo.
-¡Español, mide tus palabras, que te la juegas!

martes, marzo 13, 2007

DE JUANA Y EL FRENTE DE MAKOS

. martes, marzo 13, 2007
11 Perdieron el tiempo aquí

El terrorista se enrollaba más que una persiana y como el trayecto era largo pues tuve que bajar a echar una meada. Al volver a mi puesto en la ambulancia, de nuevo tropecé con el puño en alto del terrorista, aunque esta vez sin causarle dolor.

-¡Joder, el puño!, ya me olvidaba. Decías que lo tenías agarrotado, ¿no?
-Sí, español.
-¿Y se puede saber a qué coño se debe eso?
-Supongo que es un daño colateral de la huelga de hambre.
-No te entiendo.
-Nada, un día me desperté con él así. Había estado soñando en que iba de pie en un autobús y que justo en frente mía iba una chica con unas cacho peras de la ostia, en ese momento el autobús frenó bruscamente y mi cara fué a parar al escote de la tía.
Me desperté del bofetón que me dio y el brazo se me quedó en esta postura, la de agarrarse a la barra.
-Pues menos mal que no estabas soñando con una peli de romanos, sino igual te hubiera quedado el brazo a modo del típico saludo romano.
-Saludo romano no, saludo fascista. Si me llega a pasar eso fijo que me suicido, -explicó con los ojos inyectados en sangre.
-¡Ah!, por que lo de la huelga de hambre no es un suicidio, ¿no?
-No, español, es una medida de protesta.
-Por lo de la condena por amenazas, ¿no?
-Por eso y por los "Makos".
-¿Los Makos?, ¿qué es eso?
-El Frente de Makos viene siendo algo así como la asociación de presos Etarras, yo quería ser el líder, pero mis "compañeros" no me querían así que tuve que hacer algo de publicidad.
-¿Y eso?
-Pese a lo que digan por ahí, mis compañeros siempre me consideraron un paria, un blando, un pringado más y todo ello a causa de mi repentina detención. Has de saber que desde que cometimos los primeros atentados hasta que me detuvieron, apenas pasó año y pico.
Un terrorista que se precie debe permanecer unos cuantos años en busca y captura.
-Hummm, no sabía. ¿Y para qué querías ser jefe de los Makos?
-Por lo mismo que una persona que trabaja en un banco quiere ser director, por mandar, para que te respeten, para ganar más dinero ... Si hay una cosa que detesto es que me manden, por eso yo era jefe del Comando Madrid, pero claro, al "gabacho" del Parot no le molaba.
-Pero ahora que estás prácticamente en libertad ya no te interesa, ¿no?
-Bueno, con la fama de terrorista sanguinario que me han proporcionado tanto la prensa como el PP, supongo que no tendré problema alguno para que una vez libre pueda acceder a alguna concejalía en un pueblo cualquiera.
-Así que cualquier día te vemos al lado de Otegui.
-No creo, yo no sirvo para eso, tengo poca labia y no soy ningún cobarde.
Mira, en todo el conglomerado que es ETA la gente se agrupa en varias categorías: Los hay que sólo sirven para matar, esos son auténticos sicarios y sólo les mueve la sangre.
Los hay que sólo sirven para idear y mandar, esos son los que no tienen agallas para apretar el gatillo, lo normal es que esos ocupen los altos cargos del partido como por ejemplo el Otegui.
Y finalmente los hay que tienen lo que hay que tener para apretar el gatillo y además saben dirigir, ellos son los auténticos líderes de la banda y de los comandos entre los que me incluyo.
-¿Y los que no sirven ni para idear, ni para mandar, ni para matar, qué?
-Esos simplemente no nos interesan.

-¿Y qué opinas de lo que dijo de tí el Oleguer?
-¿Te refieres al futbolista ese del Barcelona?
-Ese mismo.
-Pues no sigo mucho el fútbol, pero supongo que el tío es un petardo en el campo y lo sabe, así que trata de buscarse también la vida por afuera. No me interesa, no es vasco, me parece una simple marioneta de los catalanes que tratan de hacernos la pelota para que no les matemos.
-Cambiando de tema, ¿por qué ingresaste en la banda?, ¿por tus ideales?
-No, lo hice por dinero.

miércoles, marzo 07, 2007

GONORRENA CHAOSKIZUBIARROBEITIA

. miércoles, marzo 07, 2007
8 Perdieron el tiempo aquí

Me quedé un rato inmóvil con la vista fija en el interior de la ambulancia. Los sanitarios se afanaban en ubicar en su interior al terrorista tratando de hacerle el menor daño posible, pero se encontraban con el inconveniente del puño en alto.

-Por favor, señor, ¿sería tan amable de bajar el puño?, es que así nos dificulta mucho el trabajo.

-Lo siento, me va a ser imposible, lo tengo agarrotado.

-¡Vaya!, lo siento, no sabía.

-No pasa nada.

Finalmente lograron colocar al etarra debidamente en la parte trasera de la ambulancia y tanto los sanitarios como un par de agentes se ubicaron a ambos lados de la camilla. Uno de estos últimos se fijó en mí y me invitó a subir. Se me pasó por la cabeza que durante el trayecto podrían asaltarnos para intentar liberar al terrorista y me entró miedo, pero un gesto de uno de los policías llevándose la mano hacia un costado y enseñando la empuñadura de un arma hizo que abandonara cualquier vacilación y subiera al vehículo. Me ordenaron que me sentara justo detrás de donde iba el conductor, justo al lado de la cabeza del etarra. Según me dirigía hacia mi asiento tropecé con algo del suelo (no hay quien me quite de la cabeza que un agente me puso la zancadilla), perdí momentáneamente el equilibrio y me fuí a caer justo encima del brazo en alto del terrorista de tal forma que se lo forcé hacia atrás. Éste aulló de dolor y empezó a soltar lo que yo supuse que mil maldiciones en Euskera.

-Perdone, señor etarra, ha sido sin querer, y si quiere cagarse en mi madre haga el favor de hacerlo en castellano si no es mucha molestia.

Detrás de mí los agentes aguantaban la risa como podían, la cara del terrorista era un poema, las lágrimas llenaban las grandes oquedades que eran las cuencas de sus ojos, las venas y los tendones de su cuello estaban tan marcados que le daban el aspecto de un arpa cilíndrica, el resto de su cuerpo estaba totalmente tapado a excepción como dije antes del puño en alto, cuyo ángulo de inclinación con la horizontal había variado considerablemente por causa de mi involuntario tropiezo.

-¡Snifff!, ¡me cago en tu puta madre, español! -aulló finalmente el terrorista retorciéndose aún de dolor.

-Así me gusta, si se tiene usted que cagar en mi madre, por lo menos que yo lo entienda, señor Tijuana.

-De Juana, español, De Juana.

-¿Se apellida usted Español?

El terrorista al oir mi pregunta se había puesto rojo como la grana, su habitual mirada despreciativa se había tornado en furiosa, trató inutilmente de incorporarse, pero los cintos que le sujetaban a la camilla se lo impidieron. Uno de los sanitarios le indicó que se tranquilizase ya que una subida de tensión le podría perjudicar gravemente. Los agentes de policía no tomaron partido en la disputa, pero en sus rostros se adivinaba que se lo estaban pasando en grande con el sufrimiento del etarra.

-Mi nombre es Iñaki De Juana Chaos y español eres tú, no yo.

-Vaya nombre más rarito que tiene usted, señor Dejuana. Yo me llamo Suso.

-Encantado, español -mintió el terrorista recobrando su habitual mueca de desprecio por el mundo-, y no me llames más de usted o te arrepentirás de haber nacido.

-¿Usted veía Shon Goku?

-¿Qué cojones dices, Español?

-Es una serie de dibujos animados japoneses, Bola de Dragón, se llama, pues en ella había un enano calvo y con coloretes que se llamaba Chaoz, muy parecido a su apellido.

-¡Ah, sí!, me lo dejaban ver en la cárcel, Chaoz tenía talento, pero era un perdedor, se dejaba manipular por el otro fascista del ojo en la frente, ¿cómo se llamaba ...?

-Tem Shin Han.

-Ese mismo. Mi ídolo era Vejeta, siempre luchando contra el poder establecido. ¡Cómo me hubiera gustado convertirme en Superguerrero e ir liquidando fascistas por ahí.

-Pues a mí me terminaría aburriendo eso de estar todo el día peleando y lo de entrenar no te digo, pero me alegra que te gustara esa serie.

De pronto su rostro se relajó y me hizo un gesto para que me acercara, obedecí y me susurró al oído:

-Que quede entre nosotros, mi verdadero nombre es Ignacio Gonorrena Chaoskizubiarrobeitia (luego me enteré de que era mentira).

-¿Y por qué te lo has cambiado?, lo de Chaos lo entiendo, supongo que será una abreviatura.

-En efecto, y el otro, el de Gonorrena, pues ..., los demás niños me llamaban Gonorrea y los mayores se reían. Llegué muchas veces llorando a casa por ello, hasta que mi madre, que se llama Juana Esperanza se enfureció y fue por ahí pegándose si hiciera falta con todo aquel que me llamase Gonorrea. Así que más por miedo que por otra cosa me acabaron llamando Iñaki, el de la Juana.

-¿Y tu padre?

-Me abandonó cuando era niño.

Volviendo a recobrar el tono normal de voz le pregunté:

-Tuviste una infancia difícil, ¿no?

-La verdad es que sí, vivíamos al lado de una casa cuartel de la Guardia Civil y la mayor parte de los niños con los que tenía que jugar eran hijos de los agentes. Cuando había que hacer equipos para cualquier juego siempre me dejaban para el final y si éramos impares me ponían de árbitro para poder pegarme cada vez que la pifiaba, si había que jugar al escondite yo era el que contaba, si había que jugar al escondite inglés, empezaba yo, si jugábamos a las peleas a caballo, siempre me tocaba hacer de montura, si jugábamos a los médicos con las niñas, yo era el celador, incluso una vez que me dió un apretón y me fuí a cagar tras unos arbustos las llamaron a ellas para que me vieran con el culo al aire; y como esas muchas cosas más.

-Por eso les odias tanto ¿no?

-Por eso y por fascistas.

-Y dale.

viernes, marzo 02, 2007

SACANDO LA BASURA DEL HOSPITAL

. viernes, marzo 02, 2007
14 Perdieron el tiempo aquí

Ninguno de los que frecuentábamos el M&M lográbamos descifrar la causa por la que aquella cafetería pasó de ser eso, una simple cafetería de una calle cualquiera, a ser un local de moda frecuentado por diversos personajes famosos. Las dueñas Marta y Magda cuidaban más su aspecto físico y el del local, por ello no tardaron en señalarnos a Lázaro y a mí por nuestro eterno aspecto desaliñado.
-Suso, Lázaro, no queremos que os sintáis mal y agradecemos vuestra fidelidad, pero dada la clase de los nuevos clientes vuestro aspecto pues deja mucho que desear. ¿No podríais venir un poco más limpios, aseados y afeitaditos? No os digo que vengáis de Armani, simplemente un poco arreglados.
-Se podría hacer Marta, pero nuestro presupuesto para ropa está bastante limitado, es que prácticamente nos dejamos nuestras ganancias aquí.
-Bueno, ..., se puede llegar a un acuerdo, vosotros venís decentemente vestidos y vuestras consumiciones serán gratis.
-Por nosotros ningún problema, ¿no?, Lázaro.
-Nada, nada, ya verás mañana, no nos va a reconocer ni nuestra puta madre, jajajaja.
-¡Dios mío, que dos! -suspiró Marta mientras volvía a sus quehaceres.
Con el paso de las semanas fuí entablando amistad con todos los famosos, Peñafiel me iba contando chismorreos de la Familia Real, Torreiglesias cuando estaba lúcido me daba múltiples consejos saludables, Ramoncín me puso al tanto sobre la denuncia que le puso Bustamante por apropiación indebida de imagen, etc. Pero la que más me impactaba sin duda era Mercedes Milá, me hablaba de sus proyectos, me hablaba de los periodistas de ahora, decía que son unos blandos, que tienen miedo a salir a la calle a buscar la noticia. "Las grandes noticias están en la calle, quizás detrás de un contenedor de basura, pero nunca al lado de un teletipo, métetelo en la cabeza Suso" y el caso es que sin proponermelo me dí cuenta de la razón que tenía. La mayor noticia que se pudiera encontrar un periodista español de nuestros días se me apareció detrás de un contenedor de basura.
El caso es que había ido a visitar a un amigo mío al Hospital 12 de Octubre, le habían dado una paliza por ser eso, un palizas, se puso morado de calimocho en un botellón y empezó a insultar a todo cuanto bicho viviente se le cruzaba por delante. Viendo su lamentable estado todos le ignoraban, él se daba cuenta y aumentaba el tono y la violencia de sus insultos. Finalmente y para su desgracia se le cruzó por delante un tipo fornido con cara de pocos amigos.
-¡Oye, hijo de puta, estoy hasta los cojones de follarme a tu madre!, ¿y sabes lo que más me jode?, lo que más me jode es que le pago 50 céntimos y todavía me da la vuelta, ¡fíjate si es puta la tía!
Sin mediar palabra el indivíduo le asestó un derechazo digno de un púgil profesional en toda la jeta haciéndole perder el equilibrio y al mismo tiempo gran cantidad de sangre por los orificios de su cabeza, luego, mientras mi amigo estaba en el suelo retorciéndose, el otro le cosió a patadas, de tal modo que le crujió la mayor parte de los huesos de su cuerpo dejándole p´al arrastre. Ahora, mi amigo yacía momificado en una cama del hospital que yo estaba abandonando.
Según me dirigía a la salida ví a un tipo arrastrando un contenedor de basura de color verde y me vinieron a la cabeza las palabras de Mercedes. Disimuladamente seguí al tipo del contenedor con la esperanza de encontrar algo inusual, pensé en la gran cantidad de cosas todavía aprovechables que se deberían tirar en un hospital (pastillas sobre todo). El operario paró su contenedor en el pasillo y entró a una estancia prohibida para los visitantes, minutos después salió con unos cartones en la mano y los introdujo en el contenedor. Siguiendo con su rutina arrastró éste hasta el ascensor del servicio y desapareció tras la puerta. Confiando en que su trabajo se limitara a recoger los cartones de todas y cada una de las plantas bajé por las escaleras hasta la siguiente y allí estaba. El tío volvió a repetir lo mismo de antes, dejó su contenedor en el pasillo y entró a una estancia protegida por una cortina, así que aproveché el momento y me introduje dentro del contenedor con la esperanza de que me condujera a la zona de basuras del hospital. Como pude cogí alguno de los cartones más grandes y me tapé con él con la esperanza de no ser descubierto. Apenas había acabado con esta tarea cuando la tapa del contenedro se abrió y una bolsa cayó sobre mí, luego la tapa se volvió a cerrar sin otra novedad. En ese momento me asaltó una duda, ¿se daría cuenta el tío de la diferencia de peso del contenedor?, yo no es que pese mucho pero seguro que lo suficiente para que él lo notara.
Pensando en las funestas consecuencias que me iba a aportar mi osadía no me dí cuenta de que el contenedor seguía parado, con todos los músculos de mi cuerpo temblando traté de agudizar el oído y escuché una conversación.
-¡Oye, Jorge!, acaban de avisar de la séptima, resulta que te dejaste atrás un par de bolsas y ya sabes como se pone el supervisor si las ve por allí.
-¡Mierda!, eso me pasa por atender más a los escotes de las enfermeras que a mi trabajo, necesito una mujer y la necesito ya.
-Jajaja, tranquilo, yo tengo mujer y también me pasa, es una cosa que no se puede evitar. Anda, vete arriba y coge las bolsas que me ocupo yo del contenedor. Se supone que ya está todo, ¿no?
-Sí, esta ha sido la última planta, ahora subo. Oye, deja el contenedor en cualquier lado que pronto bajo y cambio el contenido para uno de los azules.

Dicho esto escuché el sonido de aviso del ascensor al llegar y como el operario empujaba el contenedor.
-Joder, ¡cómo pesa el jodido!, debe ir petadísimo.
Recé para que el otro operario no estuviera aún allí y así fue, pues no escuché réplica alguna.
El ascensor llegó a su destino y el operario empujó el contenedor unos metros y lo dejó quedar.
Cinco minutos después y tras cerciorarme de que no se escuchaba ruido alguno que denotara presencia humana, me aventuré a salir. Con sumo cuidado aparté los cartones que me cubrían y con mucha delicadeza entreabrí un poco la tapa. Desde mi puesto observé los alrededores, allí había un montón de contenedores de varios tamaños y colores, pero no se observaba a ninguna persona. Recordé que el otro operario no tardaría en bajar y abandoné mi escondite para buscar otro más tranquilo. En esas estaba cuando escuché el ruído de un motor, en un principio supuse que se trataba de algún vehículo para transportar la basura, pero no, se trataba de una ambulancia.
-¿Qué coño hace una ambulancia en la zona de basuras de un hospital? -me pregunté.
Mi sorpresa fue mayor cuando un segundo vehículo apareció y aparcó al lado del furgón sanitario, de él salieron varios hombres de paisano (cantaba a leguas que eran polis, no me preguntéis porqué) que fueron tomando posiciones en varios puntos de la zona.
Poco después la puerta del ascensor se abrió y por ella apareció lívido el operario que recogía el cartón. Tras él y rodeado de médicos y de policías de paisano apareció un indivíduo de aspecto famélico sentado en una silla de ruedas y con el puño en alto, enseguida le reconocí, se trataba de él, del terrorista español más famoso y mediático de los últimos tiempos, el Tijuana ese de los cojones o como se llame. El mismo que para desgracia de los televidentes provoca las más variopintas disputas entre la inepta, pollina, asquerosa y detestable clase política española.
Mi corazón palpitaba a 1000 revoluciones por minuto, me preguntaba qué estaría pasando, ¿sería alguna oscura y secreta maniobra del gobierno?. No podía responder pero viendo la cara del etarra se daba a entender que él estaba de acuerdo con lo que estaba pasando fuera lo que fuera.
Entonces uno de los polis sacó un arma y se dirigió al operario del cartón:
-Y tú ni una palabra a nadie de todo esto, ¿ok?, si es que valoras tu puesto de trabajo, claro.
-El operario asintió como pudo muerto de miedo.
El poli viéndole casi al borde del desmayo le tranquilizó:
-Tranquilo, sólo lo vamos a trasladar a otro sitio, pero nos interesa ganar tiempo, no le vamos a hacer daño.
-Vale, vale, lo que tú digas, yo seré una tumba -balbuceó.
De pronto noté un zumbido en el bosillo de mi pantalón y un estremecimiento sacudió todo mi cuerpo, sabía lo que iba a pasar, inexorable empezaron a sonar los acordes de "The Final Countdown" procedentes de mi móvil. Ese mamonazo de Lázaro es incapaz de vivir sin mi.
Cuando logré parar la música ya tenía a varios polis pistola en ristre encima mía, uno de los cuales se afanaba en cachearme impúdicamente de arriba abajo.
-Tranquilos, no va armado. ¿Le conoces? -preguntó el del cacheo al operario de las basuras.
-No lo he visto en mi vida.
El madero se volvió hacia mí.
-¿Se puede saber qué coño pintas tú aquí?
-Nada, venía a ver como se saca la basura y ya veo que lo haceis muy bien -les respondí con la vista fija en el terrorista.
-¿Y ahora qué hacemos con él? Si le dejamos libre se lo contará al primero que encuentre y si le llevamos preso levantaremos sospechas entre los periodistas que están en la puerta principal.
-Que venga conmigo, así me hace compañía, parece muy gracioso el tío -ordenó el terrorista puño en alto y con aire amenazante.
-Pues venga, ¡andando para la ambulancia!