sábado, enero 13, 2007

EL CALVO Y PINOCHET

. sábado, enero 13, 2007

-Venga, Calvo, ahora continúa contándonos lo que te pasó en Chile.
-Pues llegué a Santiago y me hospedé en el mismo hotel que mi hermana. Luego ella se fué a sus cosas y yo me fui a dar una vuelta por la ciudad. Apenas había recorrido un par de calles cuando me encontré de frente con un grupo de gente que no dejaban de mirarme, uno de ellos me señaló y empezó a gritarles a los demás:
-¡Miradle, es el calvo de España, el que sale en la tele!
¿En la tele?
-Sí, es un mago o algo así lo ví el año pasado cuando fuí a visitar a mi amigo Blas Piñar. Sale en la tele soplando algo en la mano y aparecen unas bolitas.
-¿Es eso verdad?
-Pues sí -contesté.
-Pues estoy pensando que podrías alegrarle un poco el día a nuestro General, últimamente está un poco pocho, seguro que consigues divertirle con uno de tus trucos, y por supuesto serías bien pagado.
-¿A Pinochet?
-Sí, ¿qué otro General va a ser?
-Pero yo no ... -traté de protestar.
-Con nosotros no hay peros que valgan, te guste o no vas a ir, ya veremos luego si cobras o no -me dijo apuntándome a la cabeza con una pequeña pistola que había sacado de un bolsillo- ¡andando!.
Me metieron en un coche y me condujeron hasta una mansión de las afueras de la capital, una vez allí el personal de seguridad me cacheó de arriba a abajo y me hicieron subir a la habitación dónde se encontraba el anciano ex-dictador.
-Más te vale que el viejo disfrute, Calvo, o te las tendrás que ver conmigo -me amenazó el de la pistola antes de empujarme dentro de la estancia.
Una vez dentro observé al viejo genocida postrado en la cama mirándome con cara de incredulidad, yo no sabía qué hacer, parecía que estaba asustado, una voz amenazante detrás de la puerta me hizo actuar de inmediato, así que hice lo único que se me vino a la cabeza y lo que mejor sé hacer, le metí unos tragos a la botella de Mistol que siempre llevo conmigo y empecé a soplar en la mano, como tantas otras veces he hecho en mi vida.

El viejo no tardó en reaccionar ante lo que estaba viendo, tenía la cara enrojecida y se asía con toda la fuerza de sus manos a las sábanas, finalmente gritó entre espasmos:
-¡¡¡ASESINO, ASESINO!!!, me quiere envenenar con esos polvos.
Torpemente me acerqué a él para tratar de hacerle recapacitar y explicarle el motivo de mi presencia allí, pero mis intentos fueron vanos, la cara se le estaba poniendo morada y los espasmos eran cada vez más fuertes, así que abrí la puerta y traté de escaparme. Inmediatamente uno de los empleados de seguridad me preguntó porqué huía y le conté que buscaba ayuda, pues al General parecía que le había dado un ataque de risa. El empleado asomó la cabeza dentro del cuarto y vió como el anciano echaba ya espuma por la boca, entonces habló por el walkie-talkie y en menos que canta un gallo aquello se llenó de médicos, enfermeras, cuidadores, familiares y demás personal que pululaba por aquella mansión. Aprovechando el desconcierto general logré escabullirme y escapar hasta la embajada española, allí me consiguieron unos pasajes y volé a España y aquí estoy, pero se supone que me han seguido la pista, por eso me persiguen.
-¡Joder, menuda historia!, oye, tengo una duda, ¿por qué fuiste a la embajada española y no a la Británica?
-Muy fácil, Suso, en mi país no soy más que un mindundis cualquiera, pero en el vuestro me conoce todo dios.
-Pues si eras un mindundis, ¿por qué te eligieron para el anuncio de la lotería?
-Simplemente porque mi hermana se acostaba con uno de los mandamases del organismo nacional de loterías. Ahora como lo han dejado, pues me he quedado sin anuncio.
-Vaya con tu hermanita, ¿es guapa?, ¿a qué se dedica?
-Es algo así como una dama de compañía para altos ejecutivos a nivel internacional.
-Vamos, una puta de lujo.
-¡Pero qué bruto eres, Lázaro!
-Llámala como quieras, pero vive que te cagas.
-No te lo niego, calvo, no te lo niego.
-Oye, ¿a qué se debe que repitas dos veces las frases?
-Pues no sé, la verdad es que no lo sé.
-Bueno, chicos ha sido un placer pero tengo que irme, gracias, no sé qué hubiera sido de mí sin vuestra ayuda.
-De nada, hombre, aquí tienes unos amigos. ¿Y a dónde piensas ir?
-Todavía no lo sé, quizás a Cuba.
-Vaya, pobre Fidel, seguro que tiene las horas contadas, adios Calvo.
El Calvo volvió a hacer el famoso gesto de soplar en la mano mientras se despedía de todos y se fue calle abajo.

4 Perdieron el tiempo aquí:

19891006 dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Groucho dijo...

Pues entonces suerte, lo que se dice suerte, no le trajo el calvo al Pinochet, aunque tampoco se la merecía el muy dictador.

Más vale que esto no trascienda o se quedará sin empleo...

El Responsable dijo...

Pues que busque algún otro contacto, su hermana se dedica a eso.

El Responsable dijo...

Me refiero a la del calvo, claro, no se lo vaya usted a tomar mal.