lunes, enero 01, 2007

EL CALVO Y EL EX-ESPÍA RUSO

. lunes, enero 01, 2007

Desperté de mi ensimismamiento a causa de los gritos de la muchedumbre, sí, sí, muchedumbre, un montón de personas me rodeaban y me señalaban como si fuera un bicho raro. Yo no entendí nada hasta que escuché a una chica gritar:

-¡Miradle, miradle!, es el espía ruso, el envenenado, el del polonio.
-Es verdad -apuntilló un tipo- ¡miradle, está igual de calvo!
-¡Cuidado!, no os acerquéis a él, es peligroso, desprende radioactividad.
-Seguro que se ha escapado del hospital.
-Vete tú a saber, para mí que le han liberado los rusos, ya se sabe como se las gastan esos espías, han sido capaces de matar a todos los médicos para liberarle.
Entonces empezaron a llover las piedras, así que me acerqué a ellos para tratar de explicarles que yo no tenía nada que ver con ese ruso.
-¡Cuidado!, nos ataca, ¡socorro!, ¡policía!.
En poco tiempo se habían congregado en torno a mí unas 100 personas que empezaron a huir despavoridas cuando traté de acercarme. Ese momento fue aprovechado por unos cuantos vándalos para atacar y robar algunos establecimientos y para quemar contenedores y coches.

Una nube de denso humo negro estaba empezando a tomar la calle, las piedras no dejaban de caer, ahora en todas direcciones, contra mí, contra los vándalos, contra los coches, contra los escaparates, ... A lo lejos se hacían oír las primeras sirenas acompañadas de luces azules y amarillas que anunciaban la presencia de la Policía y de los servicios sanitarios.
Un agente se acercó a un pequeño grupo de gente que huía y les hizo el gesto de preguntar dónde estaba la causa de tal tumulto, ellos, sin dudarlo un instante me señalaron a mí.

El policía me miró fijamente, sacó un arma y me hizo un gesto de que me acercara despacio. En ese momento un cóctel incendiario voló sobre mi cabeza y fue a caer justo encima del policía provocando que la ropa de éste empezara a arder con violencia mientras él corría de un lado a otro entre grandes gritos de dolor.
-El calvo, el calvo ha quemado a un policía -gritó un hombre.
Entonces un furgón policial paró enmedio de la calle y de sus entrañas salieron una docena de agentes armados hasta los dientes y con cara de muy pocos amigos. En ese momento me vino a la cabeza la historia del electricista brasileño al que la policía confundió con un terrorista islámico y que acabó acribillado a balazos en el metro de Londres, así aprovechando la mezcla de humo y de desconcierto general me escabullí.
Luego llamé a mi hermana y le conté lo sucedido, ésta me consiguió un pasaje en un vuelo que partía inmediatamente para Chile y para allí me fuí."

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