sábado, septiembre 30, 2006

MI VIDA EN LA MONTAÑA (IX)

. sábado, septiembre 30, 2006
0 Perdieron el tiempo aquí

Siempre he pensado que los gays no eran más que unas nenazas, incluso más débiles aún que nosotras, pero estaba muy equivocada.
Los primeros rayos de sol de la primavera empezaban a derretir la nieve, todavía seguíamos incomunicados con la civilización, pero no tardaríamos en volver a establecer contacto. Con la maquinaria adecuada se podría ya abrir algún camino, pero nadie estaba interesado, o eso pensaba.
Una tarde de comienzos de marzo la gente salió de sus hogares sorprendida por un gran griterío, una pequeña multitud de hombres avanzaba decidida hacia nuestra aldea, vestían cuero negro y llevaban las cabezas tapadas con pasamontañas, portaban porras, bates de béisbol, puños americanos y otros objetos contundentes. Estaba claro que no venían en son de paz, pero tampoco lograba entender qué era lo que les traía a este remoto lugar.
-¿Qué le habéis hecho? -preguntó el que parecía su jefe a César, el herrero de la aldea, el cual comandaba un pequeño comité de bienvenida que había salido a recibirles.
-No sé a qué te refieres.
-Digo que qué le habeis hecho a Mari.
-Nosotros no sabemos quien es esa tal Mari.
-No es esa sino, ese ..., bueno sí ..., dejémoslo en esa, pero su nombre es Mariano.
-De todas todas no sé quien es.
-Practicaba la abogacía, vino aquí a finales del verano, había entablado amistad con un viejo tras haberle hecho las gestiones para su herencia. Nunca más hemos vuelto a saber de él, era nuestro jefe, somos un colectivo de gays y muy cabreados.

-El viejo en cuestión ha muerto y su nieta no se halla aquí en estos momentos (yo había ido a visitar a Toni a su cabaña del monte) así que no os va a poder ayudar, en cuanto a nosotros, ninguno sabemos nada del tema, así que es mejor que os vayáis largando, nenazas de mierda, no vaya a ser que os quitemos el rimmel a bastonazos, jajaja.
-No os tenemos miedo, venimos armados, sólo queremos tener noticias de Mari y castigar a los que le hallan hecho daño, al resto os dejaremos en paz.
-A mí me van a dar órdenes éstas -dijo César irritado -Vamos chicos acabemos con estos invertidos de una puta vez.
Los hombres de la aldea salieron todos en tropel dispuestos a acabar con los visitantes, éstos haciendo gala de una gran habilidad con el manejo de las armas que poseían y de las artes marciales, vencieron a los aldeanos sin mucho esfuerzo, luego los desnudaron y los ataron de pies y manos.
-¡Adelante!, son todos nuestros y no paréis hasta conseguir lo que queremos -dijo su jefe dirigiéndose a la tropa.
Sus seguidores le obedecieron y sembraron el pánico y el horror en toda la aldea, hubo cabañas saqueadas y quemadas, mujeres y niños apaleados, animales muertos, pero sobre todo hubo violaciones, todos los hombres que habían osado enfrentarse a ellos fueron salvajemente violados por los atacantes. La imagen de los hombres del pueblo vencidos, vejados y humillados quedó grabada en la retina de todos cuantos fueron partícipes de lo acontecido aquella tarde.
Finalmente alguien delató a Toni, según cuentan las malas lenguas fue su propia madre horrorizada ante lo que le estaban haciendo a sus vecinos.
Los asaltantes, una vez que les hubieron informado acerca de lo que querían se pusieron rumbo a la cabaña de Toni para cumplir con su venganza.

(CONTINUARÁ)

sábado, septiembre 23, 2006

MI VIDA EN LA MONTAÑA (VIII)

. sábado, septiembre 23, 2006
0 Perdieron el tiempo aquí

-¡No sé como has podido!
-¿No sé como he podido, qué?
-Quedarte embarazada.
-Es lo que pasa al no tomar precauciones, y aquí en esta jodida montaña no hay farmacias.
-Habrá que aguantar con lo que venga, supongo.
-No sé lo que estarás pensando, pero sacaré esta criatura adelante.
-No tenemos mucho dinero, las cabras y las ovejas no hacen rico a nadie.
-Bueno, deberíamos tratar de averiguar donde escondía el viejo sus riquezas, con todo lo que debe tener guardado podríamos vivir de rentas el resto de nuestras vidas.
-Supongo que habrá algún abogado que tenga su testamento, igual allí se dice donde pueden estar.
-Es verdad, algo había oído sobre un picapleitos y una caja fuerte, una vez le pillé hablando por teléfono del tema con uno de la ciudad.
-Pues cuando llegue la primavera iremos a visitarle, mientras tanto trata de buscar la dirección, un número de teléfono, o yo que sé, pero encuentra algo.
-Lo intentaré, pero no te prometo nada.
-Venga, vamos a follar un poco, que me tienes muy desatendido, pon la grabación.
-Hoy no, no me apetece, tengo el estómago revuelto y no me encuentro bien.
-¡Siempre la misma escusa! ¿Para qué cojones te estoy manteniendo? No, si al final para follar voy a tener que irme de putas. ¡Pon la puta grabación!
-¡Nooo!-
gemí -haré lo que quieras pero no con la grabación, tal y como estoy con toda esa sangre acabaré echando la papa.
Me agarró del brazo y me abofeteó.
-¡Ya me estás tocando mucho los cojones, puta! Haz lo que te digo si no quieres recibir más.
Yo estaba aterrada, siempre me había considerado una mujer fuerte e independiente, incluso me reía de la debilidad de las maltratadas y ahora me había visto en su misma tesitura y me sentía totalmente indefensa, no tenía a quien acudir pidiendo ayuda, así que accedí a sus peticiones llorando como una perdida.
Fue la primera vez en la vida que me había sentido violada, ni siquiera cuando lo de mi abuelo me había sentido tan mal. Mi Toni era un monstruo y yo iba a tener un hijo suyo. La culpa era mía, me debí dar cuenta de que una persona que es capaz de matar a otra sin miramientos nunca dejará de ser peligrosa para quien tenga cerca.
-Bien, ya has tenido lo que querías, ahora me puedes dejar sóla, por favor.
-Mmm, no sé, no me ha gustado mucho, te has mostrado muy pasiva. No voy a estar matando corderos todos los días para conseguir ponerte cachonda.
La verdad era que al poco de habernos ido a vivir juntos, cada vez que él mataba y despellejaba un cordero para comer, acabábamos haciendo el amor como locos. La sangre me atraía en esa época, pero ahora me revolvía las entrañas y él no se daba cuenta, no se daba cuenta de que eso era uno de los síntomas de mi embarazo, no se daba cuenta de que transcurridos unos meses todo volvería a la normalidad, no se daba cuenta de nada. Entonces comprendí que él no quería al niño, ni a mí, él solo quería mi cuerpo. Desde ese mismo momento fui consciente de que la vida de esa criatura que llevaba en mi vientre corría serio peligro, tenía que hacer algo.
-Si un hombre no te vale, pues busca otro- me dije- Si él me llamaba puta, pues lo sería.
Aprovechando las largas estancias de Toni en la montaña, (se había construido una cabaña y un establo más arriba del pueblo y sabía que se llevaba jovencitas allí. Creo que el muy bastardo manejaba más dinero del que decía) me acosté con todos los hombres que pude. Descubrí que todos le detestaban y le temían al igual que pasara con mi abuelo, así que no le dirían nada al respecto. Grababa todos los encuentros y luego los vendía a una página de internet que los publicaba. Con eso me iba animando pese a que tenía la certeza de que era prisionera de aquella montaña maldita, en cuanto se levantaran las nieves, buscaría el tesoro de mi abuelo y luego huiría lejos, muy, muy lejos.

(CONTINUARÁ)

miércoles, septiembre 20, 2006

MI VIDA EN LA MONTAÑA (VII)

. miércoles, septiembre 20, 2006
1 Perdieron el tiempo aquí

Al entierro de mi abuelo había asistido todo el pueblo, no porque se sintieran apenados y quisieran darle el último adios, sino que fueron a cerciorarse de que el viejo estaba bien muerto.
Era el primer entierro al que asistía en el que las risas superaban a los llantos, por decir algo porque ahora que recuerdo no vi llorar a nadie.
Terminado el sepelio nos reunimos todos los vecinos para elaborar una versión común de los hechos. Todos diríamos que había fallecido por causas naturales y no creo que la policía fuera a levantar el cadáver por simple curiosidad, si nadie decía nada, mi abuelo podría descansar en paz y nosotros también.
Toni y yo nos habíamos ido a vivir juntos, habíamos limpiado a fondo mi cabaña, estuvimos haciendo inventario del producto de los asaltos a turistas por parte de mi abuelo, había menos cosas de las que creíamos y no tenían mucho valor, también faltaba el dinero. El hijo de perra tenía otro escondrijo, seguro, y no sabíamos dónde.
Toni seguía ocupándose del rebaño, cuando las nieves desaparecieran vendrían ganaderos a comprarle los mejores corderos, también habría quien se llevara la lana y la leche (a partir de marzo y gracias al turismo los habitantes del pueblo se triplicaban y había gran demanda de lácteos).
Todo lo sucedido en aquel fatídico día (bueno, no tanto, no sé) quedó grabado. Siempre pensé que mi abuelo me espiaba y ese día dejé la cámara grabando. En un principio le dije a Toni que había que borrarlo todo, que no fuera a caer en malas manos, pero el me convenció de lo contrario. Aparte de eso, la visión del vídeo ayudaba a que nuestros polvos fueran grandiosos.
Al principio estaba encantada de como iban sucediendo las cosas, yo me iba interesando por los asuntos del rebaño y él iba aprendiendo deprisa todos los entresijos de internet. Pero poco a poco y sin saber como, todo se fue diluyendo y las cosas empezaron a ir de mal en peor. Creo recordar que el punto de inflexión fue cuando le dije que estaba embarazada.

(CONTINUARÁ)

lunes, septiembre 18, 2006

MI VIDA EN LA MONTAÑA (VI)

. lunes, septiembre 18, 2006
2 Perdieron el tiempo aquí

Mi vida en la montaña se estaba convirtiendo en una puta mierda, sólo una persona me la hacía algo agradable y me daba ánimos a tirar para adelante y ese era mi pequeñín, mi David (el gnomo no, ok).
El tiempo había transcurrido muy deprisa, ya había pasado un año desde la muerte de mi abuelo a manos del Lobo Feroz (Toni). En un principio pensé que pasaría el resto de mis días huyendo o pagando mis culpas en alguna sucia prisión observando como la vida iba pasando por delante de mí mientras alguna de mis compañeras me violaba en la ducha o me golpeaba en una miserable celda de 2 metros cuadrados (poco menos que un piso de la Ministra). Pero no fue así, la vida me depararía muchas sorpresas, algunas agradables y la mayoría de las otras no tanto.
El caso es que pasé toda mi vida creyendo que los pocos vecinos que teníamos respetaban a mi abuelo, pero no era cierto, le temían y mucho. La mayor parte de ellos había visto en alguna ocasión como se las gastaba con sus víctimas y tenían miedo de correr su misma suerte. Aparte de eso mi abuelo siempre había sido muy cuidadoso de repartir algo de su botín con ellos para que así se abstuvieran de delatarle.
Toni le había contado todo lo de los asesinatos a su madre, lo hizo una tarde de noviembre, un mes después de pasarlo a mejor vida.
La nieve había hecho ya acto de presencia en la montaña y como todos los años (este si tal un poco antes), nos había dejado aislados en nuestro poblacho.
Yo traté de convencer a Toni de que no dijera nada a nadie, que ya pensaríamos algo, pero fue en balde, en el fondo tenía razón, el tiempo iba transcurriendo y nadie echaba de menos al viejo, en realidad no era una persona nada sociable y no era raro que no se dejara ver. Pero el problema seguía ahí y había que hacer algo.
Al día siguiente a que Toni se lo contara a su madre la noticia era ya del dominio de todos los vecinos. Yo temía su reacción, pero confiaba en salir bien parada, puesto que la asesina no era yo sino él.
-Nos van a linchar, Toni.
-No creas, todos odiaban a tu abuelo, para ellos ha sido una liberación. En cuanto al otro esperpento nadie le echará de menos, si alguien pregunta les diremos que se quedaría atrapado en las montañas y que habría desaparecido sin dejar rastro como otros muchos turistas.
Tenía razón, la gente nos felicitó, nos decían que habíamos sido muy valientes al librarlos de ese monstruo.
-Supongo que estarás dolida, niña- me dijo una mujer ya entrada en años, -sé que para tí era tu abuelo y que supuestamente le querías o le tenías en aprecio, pero había hecho mucho, mucho daño, tanto que el demonio todavía fue benévolo con él al llevárselo de esa manera.
-Señora, sé lo que mi abuelo hacía a los turistas, pero de todas todas si él no los encontrara morirían igual.
-No me refiero a eso, hija, me refiero a lo otro, ya sabes, a lo de tu abuelo con las mujeres.
-Siií, ya lo sé, era algo putero, de vez en cuando venía alguna furcia del pueblo a visitarle, ¿y qué tiene eso de malo?
-Veo que no te lo ha contado. ¿Sabes quienes fueron tus padres?
-Sí, me lo dijo una vez, mi padre era un vulgar ratero que había perdido la vida en una reyerta carcelaria y mi madre era una furcia drogadicta que se quedó preñada de algún cliente, al tenerme a mí me dejó al cuidado del viejo y no se volvió a saber nada de ella, hasta que hace unos años tuvimos la noticia de que había muerto de Sida.
-Todo mentira, o casi todo, la única verdad es que tus padres están ya muertos los dos. Tu abuelo no era tal, ¡él era tu verdadero padre!
-¡Mientes!, no puede ser, ya te dije que murió en la cárcel.
-Te digo que no, ¿has visto alguna foto suya alguna vez?, ¿te han enseñado algun certificado de defunción o algo así?
-Nooo
- gemí dándome cuenta de que me habían estado engañando todos esos años.
-Ese al que llamabas abuelo era tu padre, violó a una mujer deficiente mental que vivía sóla con su madre y la dejó embarazada, ¡ella falleció en el parto!, en tu parto. No fue el único caso de violación pero sí el de peor final para la víctima y su familia. Su madre no soportó el shock y no tardó en irse con ella. Tu abuelo o sea tu padre se hizo cargo de tí y te crió pero nos hizo prometer a todos bajo amenaza de muerte de que nunca te contaríamos nada de eso. Y tú también fuiste su víctima ¿o ya no lo recuerdas?
Temblé al recordar que yo también había mantenido relaciones forzadas con él, aunque me trataba con dulzura no dejaba de ser una violación con todas las de la ley.
-Sí, por desgracia sí, aunque siempre pensé que era yo la culpable, la que le provocaba.
-Lo supo todo el pueblo, tuviste una falta en el periodo, se lo contaste a él inconsciente de lo que eso suponía. Te llevó a una curandera y te hizo un aborto, ¿es que no lo recuerdas?
-Sólo recuerdo que mi abuelo me llevó a la casa de esa señora con el propósito de curarme y que todo volviera a la normalidad, luego me dieron de beber algo y me quedé profundamente dormida. Cuando me desperté estaba toda empapada en sangre y la señora me habló tranquilizadora.
-Tranquila, unos días más de reposo y todo volverá a la normalidad-
me había dicho la curandera, y así fue.
-Es muy duro pero era necesario que lo supieras.
-Gracias- musité, ha sido usted muy amable.
-No hay de qué, cuidate, niña, ahora eres libre.
La señora se fué y me dejó pensativa, ya sabía la verdad. Eso me hizo afrontar mi reciente embarazo desde otra perspectiva, pasara lo que pasara nunca, nunca me separaría de la criatura.

viernes, septiembre 15, 2006

MI VIDA EN LA MONTAÑA (V)

. viernes, septiembre 15, 2006
2 Perdieron el tiempo aquí

Hay que joderse con las vueltas que da la vida, él había sido mi gran amigo de la infancia, lo compartíamos todo, juegos, aficiones, penas, alegrías, etc. Luego, el despertar de los primeros impulsos sexuales nos había separado en la adolescencia. Por aquella era una chica soñadora, no me daba cuenta de que aún era una niña que creía ser princesa. Esperaba que un día viniese mi príncipe azul a rescatarme, y lo que vino en realidad fue un principe rosa que salió del armario y que ni siquiera me quiso besar. ¡Quien me iba a decir que acabaría enamorándome del Lobo Feroz!, que me resultaba más atractivo.
El caso es que empecé repudiando a mi amigo de la infancia por el simple hecho de que se estaba empezando a hacer un hombre y no sabía dominar esos primeros deseos sexuales, en el fondo creo que he sido algo injusta con él. Pero todo se había arreglado, ahora estábamos otra vez juntos, sólo había una pequeña pega, ¿qué coño íbamos a hacer con el fiambre? De momento había que tratar de limpiar todo y esconderlo, luego ya pensaríamos algo.
Como el invierno todavía no había hecho aparición, no era tan fácil deshacerse del cadáver, un mes después, ya estaría todo cubierto de nieve y sería mucho más fácil dejarlo en un sitio con una pequeña capa de nieve por encima, suficiente para taparlo hasta que las alimañas dieran con él. Tapamos lo que le quedaba de cabeza con una bolsa y metimos su cuerpo dentro de un saco de dormir. Luego el asesino fue a buscar su coche, lo íbamos a meter en el maletero y enterrarlo en algún sitio apartado. Estábamos cargándolo cuando de repente apareció mi abuelo:
-¿Se puede saber qué cojones haceis?
-Cosas nuestras, abuelo.
-¡Parece un cuerpo humano!, dejadme ver.
-¿Es que no has oído, viejo?, te han dicho que no es cosa tuya, así que no vengas a meter las narices.
El abuelo enrojeció de ira y se metió en casa, seguro que iba a husmear en mi habitación el muy hijo de puta. Rápidamente acabamos de meter el saco en el coche y entramos en la casa. En efecto había acertado en mis sospechas, el viejo había ido directamente a mi habitación y había encontrado rastros del crimen, habíamos limpiado lo más gordo pero aún quedaba algún resto visible.
-¿Quién era?- preguntó con tono autoritario.
-Era ese marica al que le habías mandado a espiarme.
-Yo no mandé a nadie.
-El me lo confirmó, y no debió de ser el único, primero me drogabas y luego les cobrabas por verme desnuda o por hacerme vete tú a saber qué.

-¡Eres una mentirosa y una puta!- gritó mientras me golpeaba.
-Como le vuelvas a poner una mano encima te mato, viejo decrépito.
-Tú y cuantos más, niñato de los cojones, ¿qué pasa, a tí no te ha cobrado?.
-Anda, déjalo, ni que él nunca matara a nadie.
-Sí, he matado a muchos, pero en mi casa a ninguno, sois un par de imbéciles, voy a llamar a la policía del pueblo para que os arresten.
-Huiremos, viejo, conozco estas montañas como la palma de mi mano y antes de que lleguen ya estaremos lejos.
-¿Y tu madre?, niñato, ¿la vas a dejar sola?
-Prácticamente ya no la veo, me paso el día fuera, así que le dará lo mismo. Si hace falta le enviaré dinero.
-Tu madre es rica, pero necesita cariño, si se siente sola no me será muy difícil acercarme a ella y consolarla, luego le pediré que se case conmigo y que cambie la herencia para que no recibas un mísero chavo, le diré que no mereces nada tras haberla abandonado. Finalmente la mataré de manera que parezca un accidente y será todo mío, por fin podré vivir de rentas, jajajaja y tú vivirás el resto de tus días huyendo como un vulgar ratero, te llegará un día en el que hubieras deseado haber muerto, jajajaja.
Venga, ya podeis marcharos, no hace falta que os despidais.
El abuelo cogió el teléfono y se dispuso a marcar el número de la policía. Entonces, Toni, (que así se llama mi amante), cogió un hacha que había en la cabaña y se dirigió hacia él.
-¡Te voy a matar, viejo!- le gritó mientras levantaba el hacha.
-Aún no ha nacido quien me haga un rasguño, niñato.
En ese momento sacó un cuchillo del bolsillo de la chaqueta y lo lanzó contra Toni. Todo fue muy rápido, mi abuelo muy bueno lanzando cuchillos, así habían muerto muchos animales y algunos hombres, sentí miedo, sabía que si él caía, yo sería la siguiente.
El cuchillo silbó por el aire, pasó cerca del hacha, iba directo a la cabeza de Toni. Este no se lo esperaba, apenas tuvo tiempo de ladear la cabeza un centímetro. Instantes después, la sangre ya brotaba abundantemente.
-¡Maldito hijo de perra, me has cortado la oreja!
Gracias a dios que el abuelo había errado el lanzamiento, en otro tiempo hubiera acertado de pleno y Toni estaría muerto, pero los años no pasan en balde.
-Prepárate, viejo, vas a morir- le gritó Toni blandiendo el hacha.
Había llegado su fin y él lo sabía, se había confiado con lo del cuchillo y ahora estaba perdido. Toni se avalanzó sobre él y descargó el hacha sobre su cuello, al instante su cabeza se desprendió del tronco en medio de grandes borbotones de sangre y rodó por la estancia hasta parar contra mis pies. Retrocedí y comprobé que sus grandes ojos grises permanecían abiertos y parecía que me miraban desde el suelo.
-¡Dios mío!, y ¿qué vamos a hacer ahora?- preguntó Toni con voz temblorosa.
-¿Por qué no echamos un polvo?, la otra vez fue genial.
La perspectiva de una vida sin mi abuelo me había quitado todos los miedos de encima, el olor a sangre fresca me ponía mucho, por suerte el corte de la oreja era superficial y Toni volvía a estar arrebatador. ¿Qué mejor cosa que hacer?
El sexo post morten es genial. Toni pronto se olvidó de lo que había sucedido y condujo sus esfuerzos a hacerme gozar, y doy fé de que lo consiguió.
Saciada y exahusta me quedé dormida sobre el pecho de mi lobo, de mi Lobo Feroz

(CONTINUARÁ)

jueves, septiembre 14, 2006

MI VIDA EN LA MONTAÑA (IV)

. jueves, septiembre 14, 2006
0 Perdieron el tiempo aquí

La escena era dantesca, todo el suelo de la habitación cubierto de sangre y masa encefálica. Frente a mí un hombre jadeante me miraba fijamente a los ojos. Siempre había aborrecido a aquel hombre, aunque no a aquel niño. Ahora le miraba desde otro punto de vista, era un asesino, era peligroso, ya no era un simple mirón pajillero, tenía algo, no sé ... ¡Me gustaba!, ¡era eso, me gustaba porque había sido capaz de matar a un hombre!
Me fui acercando a él muy despacio, tratando de esquivar los trozos de la cabeza del muerto, una nota de terror apareció en su cara, se había dado cuenta de lo que había hecho, había matado a un ser humano y empezaba a arrepentirse.
-Apártate.
-Tranquilo, sé que estás asustado.
-No, no lo estoy, estoy de maravilla tras romperle la cabeza a ese maricón.
-Yo sé que no.
Me seguí acercando hasta que nuestras caras quedaron frente a frente, él no sabía que pensar, no sabía que me proponía yo, supongo que le tranquilizaría el hecho de que fuera desarmada. Nos miramos durante unas décimas de segundo, luego cerré los ojos y le besé, le besé como no había besado a nadie más en el mundo, nuestras lenguas se entrelazaron, un cosquilleo recorrió mi cuerpo de arriba abajo, noté como mis pezones se endurecían y finalmente sentí un hormigueo en las ingles. Me estaba poniendo cachonda, me estaba poniendo cachonda un individuo al que hacía menos de una hora aborrecía. Abrí los ojos, él tenía cara de sorprendido, claro, ni en lo más remoto de su imaginación hubiera cabido esta situación.
Me estaba poniendo frenética, el se había quedado quieto, sorprendido, quizás aterrado ante lo que había sucedido, estaba perdiendo su encanto, debía hacer algo. Le volvía besar, esta vez con mas ahínco, luego le besé el cuello, cogí su mano y la coloqué sobre uno de mis pechos para que palpara el pezón, luego deslicé la mía hasta su entrepierna, noté algo duro allí, todo iba bien, aún no era tarde. Le bajé los pantalones, no llevaba calzones, su miembro quedó apuntando hacia mí.
-Apuñálame, golpéame con esa porra que tienes- le decía mientras me desnudaba.
Se avalanzó sobre mí e intentó tirarme en la cama.
-Nena, no sabes cuanto tiempo llevo esperando este momento.
-Pues yo llevo bastante menos que tú pero en ganas seguro que te supero, pero en la cama no, quiero que lo hagamos en la silla con que le mataste- dije señalando al fiambre.
Al principio puso algo de reparo pero luego fue un verdadero éxito, lo hicimos de todas las posturas que se puedan llevar a cabo en una silla, por delante, por detrás, por arriba, por abajo, hasta que grandes espasmos de placer pusieron final a la cosa. Había conseguido llegar al orgasmo por vez primera, había sido tras presenciar un asesinato y lo había hecho en presencia de un cadáver.
-Igual lo tenemos que repetir.
-¿Lo qué, el polvo?
-Bueno, lo del polvo sí, pero digo que con asesinato incluido, no sabes como me he puesto al ver toda esa sangre.
-Pues yo no estoy dispuesto a ir matando gente con el simple pretexto de follar.
-Bueno, algo se nos ocurrirá, pero ya me había hecho ilusiones con mi abuelo.

(CONTINUARÁ)

domingo, septiembre 10, 2006

MI VIDA EN LA MONTAÑA (III)

. domingo, septiembre 10, 2006
0 Perdieron el tiempo aquí

-¿Me vas a besar o no? Ya me estoy hartando.
-Me lo pides con educación, ¿vale?
-Bien, ¿tendría usted la amabilidad de darme un beso que rompa el encanto al que me veo sometida, por favor?
-Bueno, ya que me lo pides así, ..., accedo, pero solo un piquito, que las mujeres me dais asquito, jjijiji, sin haberlo querido un pareado me ha salido.
Luego se acercó a mí y me besó en la frente, no sé si estaba encantada de verdad o eran los efectos de las drogas, pero me sentí liberada en ese momento, así que tenía que tomar el mando de la situación.
-Ahora quítate de una vez mi ropa y lárgate, ya estoy harta de verte por aquí.
-Ya voyyyy, que tía más impaciente.
Hasta ese momento no me había dado cuenta de que me encontraba desnuda y sola en mi habitación, en compañía de un hombre (por decirlo de alguna manera) desconocido.
Al darme cuenta de mi desnudez instintivamente traté de tapar mis partes con lo primero que encontré, el visitante se dio cuenta de mi apuro.
-Uyyyy, no hace falta que te tapes, que no me asusto, cuando me opere me gustaría estar como tú pero con menos pelo, claro, rasurada quedarías mejor, nena.
-En tres capítulos tú eres el segundo que me dice lo mismo sobre mi vello púbico y no tengo ganas de dar explicaciones al respecto (a ver quien pilla una peluquería en esta puta montaña). Vístete de una puta vez y deja de joder la marrana.
Le tiré su ropa y cogí la mía cuando la puerta se abrió de repente y entró él, ese gran amigo de la infancia, ese gran conocedor de la montaña y de todos sus caminos, ese gran...dísimo hijo de puta, mirón, pajillero y follacabras.
-Vaya, parece que de mí no quieres saber nada pero bien que te las entiendes con desvidados como este- dijo señalando al maricón que en ese momento se estaba poniendo los pantalones.
-Maricón nada, es una palabra feota, gay en tal caso.
-Da igual, lo que me jode es que esta perra se vaya con cualquiera menos yo, por lo menos que deje algo para los que andamos necesitados de verdad.
-¿Eso de perra iba por mí, no?, los que me conocen me llaman la "Perra Loca", siempre estoy en celo.
Dicho esto se abalanzó sobre el otro, que había bajado la guardia mientras me diseccionaba con la vista, se le colgó del cuello y le besó en la boca.
- Cofffff cof coffffff ajssssssssssssssspufffffffff!! (*), ¡¡dios, qué asco!!, el maricón este me ha besado, te voy a matar, maricón de mierda.
Apartó al marica de un empujón haciéndole caer sobre la cama, luego echó mano de una silla que había por allí y empezó a golpearle con saña, primero por las piernas y luego por el cuerpo, mientras que la única resistencia que oponía su adversario se reducía a chillidos, gritos y pataletas. Una de estas le hizo blanco en sus testículos haciendo que se retorciera de dolor. Eso le enfureció mucho más, la cara había enrojecido de modo que parecía que le iba a reventar, tenía los ojos fuera de las órbitas y las venas del cuello hinchadas, estaba fuera de sí.
-¡Cálmate!- le grité, -¿no ves que es inofensivo?
En verdad era inofensivo, pero no tanto, pues otra patada volvió a hacer blanco en la entrepierna del asaltante, que se volvió a doblar con grandes gestos de dolor, tenía los ojos inyectados en sangre y echaba espuma por la boca, lo iba a matar, estaba segura, y así fué.
Volvió a agarrar la silla y a golpearle, pero esta vez su objetivo era la cabeza, la víctima intentaba protegerse con los brazos. Luego todo sucedió deprisa.
Primero un chasquido al golpear la silla contra un brazo y partirle un hueso, acto seguido un fuerte aullido de dolor por parte de la víctima y después un certero golpe en la cabeza que le hizo perder el conocimiento. Finalmente en un último intento por salvar su vida consiguió girarse y rodar de la cama abajo, pero nada más.
-Aún vive el bastardo, pero por poco tiempo.
La silla volvió a subir y bajar con furia, se escuchaban golpes sordos que luego se fueron ahogando más, la silla estaba impregnada de sangre, masa encefálica y astillas de huesos. Le había destrozado la cabeza y los pedazos estaban esparcidos en mi habitación.
El asesino sonreía jadeante.
-Ya está, un maricón menos y tú eres cómplice, no te olvides. Más te vale que hagas lo que yo te digo o iremos los dos a la cárcel.

(Continuará)

(*) Onomatopeya por cortesía de Blink

miércoles, septiembre 06, 2006

MI VIDA EN LA MONTAÑA (II)

. miércoles, septiembre 06, 2006
3 Perdieron el tiempo aquí

Por culpa de la hija de perra de la Bruja Malvada allí estaba yo, postrada en la cama, con un sueño profundo, a la espera de que el Príncipe Azul viniera, me besara y rompiera el encantamiento. No había rastro de enanitos así que Blancanieves no era, seguramente debía ser La Bella Durmiente, eso pensaba yo. Lo cierto es que había alguien más en mi habitación, no sé si lo soñé o si lo escuché, no sé si estaba dormida o simplemente me había quedado traspuesta, no sé si había sido un sueño o era realidad, el caso es que sucedió lo siguiente:
Escuché un ruido en mi habitación, traté de averiguar de donde procedía pero sin éxito, era incapaz de abrir los ojos y por lo tanto no podía ver nada, sin embargo el sentido del oido me funcionaba a las mil maravillas.
¡Había alguien en mi habitación!, me quedé inmóvil y traté de averiguar lo que estaba haciendo.
Se escuchó una tos ahogada, se trataba de un chico, sin duda. Luego ruído de cajones abriendose y cerrándose, el muy cabrón estaba hurgando en mi ropa interior. Poco después llegó a mí el familiar chirrido de la puerta de mi armario-ropero, ahora estaba husmeando en mi ropa.
Poco después pude apreciar que se estaba desnudando y llegó a mis oídos el ruido sordo de la hevilla del cinturón chocando contra el suelo.
¡Me iba a violar! el muy bastardo me iba a violar, había que actuar.
Solté un pequeño gemido y me moví en mi lecho, quería dar la impresión de que me estaba desperezando, el lo notó y se puso nervioso, volví escuchar el chirrido de la puerta del armario al cerrarse, era el momento de abrir los ojos.
Cuando los abrí, en la habitación no se veía a nadie, llegué a creer que todo era fruto de mi imaginación, pero al ver su ropa en el suelo supe que no.
-Sé que estás ahí, sal donde pueda verte- le dije mientras agarraba la lámpara de la mesilla.
De pronto la puerta del armario se abrió y de ella salió una figura esperpéntica vestida totalmente de rosa, ¡se había puesto mis leotardos y mi top de aerobic.
-Ideal, esta ropa me está genial, ¿verdad?, fashion, fashion.
-¿Pero qué coño haces vestido con mi ropa?, se supone debería aparecer un Príncipe Azul que me besara para romper el encantamiento, y me encuentro con un fulano que acaba de salir del armario vestido con mi ropa.
-¿Besarte yoooo?, uyyy, ni de coña, te lo juro por Grande Marlasca, la verdad, niña, no eres nada fea y tienes buen gusto para la ropa, pero yo tengo otros gustos, creo que ya sabes.
-Entonces, ¿qué pintas tú aquí?
-Nada, cielo, tu abuelito ..., mmmm qué hombre tan rudo, me encanta. Pues que tu abuelito me ha dicho que por 5 euros de nada podía ver un espectáculo grandioso, pero la verdad, esperaba otra cosa, el pobre no se ha dado cuenta de que era gay.
-El pobre ..., el pobre ..., me cago en la madre que lo parió, por eso insistía en que tomara ayer un vaso de leche fresca, y ahora que recuerdo ... tenía un sabor raro. Déjame pensar, sus últimas víctimas habían sido unos hippies, así que no creo que le fuera difícil encontrar drogas ..., y ¡no era la primera vez!, ¡muchas más veces me había levantado de igual manera!, ¡el hijo de puta me drogaba y luego cobraba por que me vieran desnuda en la cama! y no quiero pensar que no se hubieran contentado con sólo eso.
Me quedé un rato pensativa, el visitante correteaba por la habitación dando saltitos como un cervatillo junto a su madre.
-Y uno, y dos, y tres, ...-canturreaba mientras iba chorreando aceite por la habitación.
-Voy a matar al viejo, pero primero me debes besar y romper el encantamiento, por si las moscas.
-Ja, ja, y una mierda.

(CONTINUARÁ)

lunes, septiembre 04, 2006

MI VIDA EN LA MONTAÑA

. lunes, septiembre 04, 2006
1 Perdieron el tiempo aquí

Esta semana tuve a mis sobrinos en casa, vinieron cargados de cuentos, películas, juegos y demás historias infantiles. El DVD echaba humo, que si la Abeja Maya, que si Heidi, que si Cenicienta, que si el Lobo Feroz, etc. Casi ni tuve tiempo para deleitarme con mi gran colección de cine porno bizarro descargada del emule. El caso es que acabé teniendo pesadillas con todos ellos.
Las ráfagas del viento del norte empezaban a arreciar anunciando que el invierno estaba cerca, los pájaros ya se habían ido, el Cámping había cerrado sus puertas. No quedaba ya ningún turista al que estafar, únicamente algún que otro montañero intrépido, de esos que cuanto peor está el tiempo más se motivan, no tendrán nada que hacer los muy hijos de puta. Gracias a dios que de vez en cuando alguno se despeñaba o quedaba atrapado en la nieve, para esos casos siempre tenían a mi abuelo. El, junto a su fiel perro, una hembra de San Bernardo, se encargaban de hacer desaparecer primero los sufrimientos, después los indicios del paso de los accidentados por la zona y finalmente sus pertenencias, que eran almacenadas en un pequeño zulo escondido bajo el piso de la cabaña, en espera a ser vendidas a algún mercader que no preguntara mucho por su procedencia. Los lisiados se alegraban al ver aparecer al enorme can con un pequeño barril colgado del cuello.
-Ahí está el mejor amigo del hombre (y no voy a poner lo del chiste)- lograban decir algunos justo antes de que el animal se avalanzara sobre ellos y le hincara sus afilados dientes en la yugular presionando con fuerza sus mandíbulas sobre el cuello de su víctima. El animal en ese momento se hallaba totalmente excitado por el olor a sangre fresca y no soltaba a su presa hasta que una vez que ésta había perdido gran cantidad de su sangre dejaba de moverse y oponer resistencia hasta que la vida le abandonaba. Entonces el abuelo le hacía un gesto a la perra para que lo soltara, luego le sacaba la ropa y todo lo de valor que llevara encima y guardaba todo en una saca que traía siempre consigo para tales fines, después, un gran trago de coñac era el colofón a un trabajo bien hecho. Finalmente tiraban el cadáver en alguna zona donde fuera fácil que buitres, lobos, zorros y demás alimañas lo pudieran despedazar en poco tiempo, pues en esa época el hambre ya empezaba a hacer mella en ellos.
Yo bajaba hacia el pueblo con el fin de aprovisionarme para la estación de las nieves. De repente la blusa se me enganchó en una zarza y me hice un descosido que me dejaba a la vista el pequeño sujetador ...
¡Esperad!, ¿he dicho blusa y sujetador? Miré mi atuendo de arriba abajo. Pues sí, llevaba una blusa, que en su dia fue blanca pero que ahora tenía un tono amarillento a causa del uso repetido de lejías baratas. Sobre la blusa un vestido de asas de color rojo que me llegaba casi hasta la rodilla y dejaba a la vista unas magníficas medias de mallas grandes. Calzaba unas botas de "Trekking" que mi abuelo le había sustraído a una de sus víctimas y que eran ideles para andar por la montaña. En el bolso tambien llevaba unos zapatos de tacón de aguja para ponerme una vez llegada al pueblo,, ¡yo era una tia!, claro, estaba soñando, eso lo explicaba todo.
Las últimas hojas del otoño crujían al pisarlas, yo iba saltando alegremente por un sendero descendente que llevaba al pueblo, las primeras casas ya asomaban en mi camino, me cambié de calzado y recordé la causa que me llevaba allí. El abuelo me lo había dejado bien claro:
-Vete al centro comercial y compra todo lo necesario, supongo que el pedido costará lo suficiente para que no pongan pegas a la hora de traerlo aquí. Pero sobre todo no te olvides del coñac, sabes que me es imprescindible para pasar el duro invierno en la soledad de mi cabaña.
-Abuelo, no estás solo, también estoy yo.
-¿Tú?, jajajajaja, no me hagas reir. Desde que has puesto esa mierda de internet por satélite te pasas todo el invierno en tu habitación con eso de los chats, ¿o te crees que no te he visto como te desnudabas delante de la cámara esa del ordenador?. Me tienes muy desatendido, ya sabes que los viejos necesitamos cariño.
-Sabes muy bien que mientras no te laves un poco y dejes de acostarte borracho con la perra no vas a tener nada conmigo.
-Tú lo que eres es una furcia y una asquerosa zorra, por lo menos la perra no me cobra, se conforma con que le eche de comer, no rechista cuando necesito de sus servicios y no pone pegas si voy lavado o no, sabes muy bien que la roña adherida al cuerpo protege del frio y de enfermedades.
Me ponía furiosa el jodido viejo, pero si quería heredar debía vivir allí hasta el fin de sus días, y por mi bien esperaba que fuera pronto.
Horas después ya estaba de vuelta en la cabaña, el transportista que traía la compra había accedido gustoso a traerme consigo con la esperanza de que le mostrara todos mis encantos y me dejara tomar por él, y así había sido. La idea de volver a pie me mosqueaba así que accedí a sus pretensiones, él no puso reparo alguno cuando vio como me quitaba el tampón y lo arrojaba por la ventanilla.
-Es lo que hay- le dije indiferente.
-Da igual, por mí no hay problema, me gusta sentirme "choff".
Luego, instalados en la parte trasera del furgón, follamos como si la vida se nos fuera en ello.
Llamé a la puerta de la cabaña para avisar al abuelo de nuestra llegada (no fuera a ser que el transportista le pillara desnudo con la perra). Dentro nadie contestaba, todo parecía en silencio, supuse que el abuelo había salido, entonces le mostré al del furgón donde debía depositar la mercancía. Mientras este descargaba sentí como un líquido viscoso se deslizaba por el interior de mi vagina, cogí un tampón nuevo y me fui al baño para ponérmelo. Abrí la puerta y me encontré de bruces con mi abuelo. Estaba sentado en el retrete , tenía la cara enrojecida y los ojos parecían que se le iban a salir de las órbitas, un olor nausebundo flotaba por toda la estancia.
-Abuelito, abuelito, ¡qué ojos tan grandes tienes! jajaja
-¡Lárgate, hija de puta y déjame cagar tranquilo!
Me puse el tampón en la cocina y despedí al del furgón, una pena que el viejo estuviera en casa, sino aún le echaba otro kiki.
Luego salí afuera, el viento había cesado, el sol brillaba pero no con la fuerza de meses atrás, me acerqué al roble que había junto a la cabaña, me subí al columpio en el que tanto jugaba de pequeña y empecé a balancearme cada vez con más impulso, entonces le ví.
-Hola nena, ¿quieres que te dé unos "empujoncitos"?- dijo con sorna mientras me observaba con aspecto lascivo.
-No, gracias, sé valerme yo misma con estas manitas que tengo -le dije mientras le mostraba ambas manos abiertas y me llevé un dedo a la boca.
-En fin, una pena, tú te lo pierdes.
-Anda, deja de mirarme las bragas y lárgate.
-Yo de tí me depilaría un poco o usaría lencería negra, ese mato destaca mucho ahí- me dijo mientras se alejaba.
-¡Cerdo!- le grité -ya quisieras tú.
Hay que ver lo que cambia la vida. De pequeños habíamos sido amigos íntimos, cuando la nieve dejaba de cubrir las montañas, él pasaba todos los días por delante de mi cabaña con su rebaño.
Me iba con él y nos pasábamos el día jugando con los cabritillos, saltando de roca en roca, pescando, etc. Yo era muy feliz por aquella época, pero poco a poco y según fuimos creciendo su compañía se empezó a hacer cada vez más y más insoportable, me toqueteaba a todo momento, me hablaba del futuro, de casarnos, tener hijos, etc, yo aborrecía todo eso. Finalmente, un día, mientras me bañaba en una pequeña cascada protegida por abundante maleza le ví, me observaba escondido tras unos matorrales, le descubrí al escuchar un ruído, ¡estaba tocándose sus partes!. Noté su mirada lasciva (en ese momento desconocía el significado de esa palabra) traspasando la barrera de mi intimidad, esa misma mirada que me dirigió cuando estaba en el columpio.
-¿Se puede saber qué haces, cochino?
Al darse por descubierto se le enrojeció el rostro y echó a correr entre los matorrales.
Ese fue el principio del fin de nuestra relación, la pubertad trajo consigo nuestra separación, le aborrecía con toda mi alma, sobre todo cuando un día le ví sodomizando (esta palabra tampoco la conocía por aquella época) a mi cabritillo favorito. A partir de ahí no quise saber nada más de él.
Ahora seguía teniendo el mismo aspecto famélico y huesudo de siempre, gran parte de su cabeza la tenía descubierta debido a su prematura alopecia y habitualmente solía dejarse un fino bigotito que le daba un aire más estúpido del que tenía si cabe. Seguía trabajando de pastor (me compadezco de los pobres bichos de su rebaño) y se rumoreaba que estaba detrás de los asaltos nocturnos a los jóvenes que en verano llenaban el Camping para emborracharse, drogarse y hacer el amor en las tiendas de campaña. Una vez estuvo unos meses internado con varios huesos rotos, según él a causa de una caída de un peñasco, pero según contaban las malas lenguas había sido debido a una paliza de un joven motero que lo había cazado espiándole cuando estaba con su novia.
(Continuará)