martes, diciembre 19, 2006

LÁZARO Y EL CALVO DE LA LOTERÍA

. martes, diciembre 19, 2006

Apenas había Lázaro acabado de contarnos sus peripecias cuando irrumpió en el local un hombre de gran envergadura, totalmente vestido de negro y portando un sombrero y unas gafas del mismo color. El hombre no dejaba de mirar para atrás mientras nos suplicaba ayuda.

-Por favor, ayuda, help, unos americanos de Chile me quieren matar, por favor, son muy peligrosos -dijo en un tosco castellano y con acento inglés.

-¿Y por qué habíamos de ayudarte, giri?

El hombre volvió a mirar primero atrás, luego repetidamente hacia los lados, luego hacia nosotros, después volvió a mirar hacia atrás y finalmente cuando se cercioró de que nadie venía se sacó el sombrero y las gafas de modo que le reconocimos al instante.


-¡Ostias, el calvo de la lotería! -dije con asombro.
-El mismo, ¿y ahora me vais a ayudar? -nos preguntó con una mueca de sonrisa en los labios.
-Como no, como no, calvo. ¡Lázaro, Marta, no os quedéis ahí pasmados y pensad en algo para ayudarle a esconderse!
-Please, por favor, que deben estar cerca.
-Pues yo lo único que puedo hacer es sacarle por la puerta de atrás, un rato pero estaríamos en las mismas, también le podría esconder tras la barra o en el almacén, pero seguro que si son tan peligrosos como dice irán ahí a buscarle -dijo Marta con cara compungida.
-¡Ya lo tengo!, -gritó Lázaro- anda calvo, dame tu abrigo, el sombrero y las gafas que no hay tiempo que perder, mira por donde que hoy es tu día de suerte y también llevo pantalones negros.
-Pero, pero, yo, yo, no entiendo nada. -titubeó el calvo.
-Tú déjame a mí que sé lo que me hago -le dijo Lázaro mientras comparaba su altura con la del famoso.
El calvo masculló algo en tono de protesta pero terminó obedeciendo y le entregó a Lázaro lo que le había pedido.
-¿A que doy el pego?
-La verdad es que sí, Lázaro, con ese abrigo, esas gafas y ese sombrero hincado hasta las orejas pareces el mismo hombre que acaba de entrar aquí hace un momento.
-Pues ahora haced que me echáis del local insultándome, ¡venga!
Sin pensármelo dos veces le pegué un empujón con todas mis fuerzas de manera que el falso calvo salió trastabillado del local, le había empujado tan fuerte que hasta estuvo a punto de caerse, pero gracias a dios que no fue así, de todas todas miró para atrás y me gritó:
-¡Hijo de puta, casi me tiras!
Unos 100 metros más abajo varios hombres gritaron:
-¡Miradle, es él, ahí está!
Lázaro giró la cabeza hacia el sitio de donde procedían las voces y se dirigió a ellos con un perfecto corte de manga al tiempo que les chillaba:
-¡Bitchs sons, fucking you mamones, chinga a tu madre weeeeeiiii, mariconeees, sudaqueixons de los cojones, que os den mucho por culo muertos de hambreeeee, aíiiiba iiiba, íiiiibaaaaa! -y gritando al más puro estilo de Speedy Gonzales echó a correr como alma que lleva el diablo.
Marta se había apresurado a esconder al calvo detrás de unas cajas de cerveza y volvía hacia la barra.
-Suso, ¿tú crees que le encontrarán?
-No sé, Marta, pero no debiste haberle escondido ahí.
-¡Anda!, ¿y eso?
-Pues que el calvo es inglés y ya sabes lo que les pasa a los ingleses cuando tienen cerveza cerca.
-¡Mira que eres imbécil, Suso!
En ese momento los perseguidores pasaron por delante del local sin que ninguno se parara a mirar hacia el interior.
-¡Han picado, se han tragado el anzuelo de Lázaro!
-Sí pero ahora estoy preocupada por él, Suso. ¿Tú crees que le cogerán?
-¿A Lázaro?, imposible, le conozco desde niño y siempre que iba a alguna carrera siempre volvía con medalla.
-Vaya, no sabía que fuera tan bueno en el atletismo, ¿ganó muchas carreras?
-Ninguna.
-Entonces quedaba siempre segundo o tercero, ¿no?
-Ni tan siquiera eso, es más, dudo que haya participado alguna vez en una carrera.
-¿Y cómo coño conseguía las medallas entonces?
-Pues simplemente se las robaba a quienes las ganaban. Recuerdo una vez a un jodido que no la quería soltar, así que le metí tal paliza que estuvo una semana sin ir a clase, una pena de chaval, tenía futuro en el atletismo, pero tras la paliza su padre no le volvió a dejar participar en ninguna carrera.
-Pobre chico.
-¿Pobre dices?, ahora es un jodido yonky que se maneja por la zona norte de la ciudad, ya va por el segundo radiocassete que le jode a Lázaro.
-Os está muy bien empleado, y dime, ¿para qué queríais vosotros entonces las medallas?
-Yo para nada, lo que pasa es que el padre de Lázaro le daba siempre mil pesetas para pagar la inscripción en la carrera y para comer siempre y cuando fuera consiguiendo medallas, así que como ganas de correr no tenía pues las robábamos.
-¿Y el dinero?, ¿qué hacíais con él si ni tan siquiera pagaba la inscripción?
-Nos lo pulíamos en golosinas primero, luego jugando al futbolín o a los videojuegos y cuando ya éramos mayorcitos en porros y litronas.
-¡Anda que, menudos deportistas estábais hechos!
-La verdad es que sí, anda, echa el cierre al local que yo voy a sacar al calvo de su escondrijo, no vaya a ser que te acabe con las existencias.
-Voy

2 Perdieron el tiempo aquí:

Groucho dijo...

Oiga, ya que tiene ahí al calvo de la lotería, ¿por qué no le pide que le sople el número del Gordo? Aunque me temo que lo que le va a soplar es la cerveza...

El Responsable dijo...

No, que va, que no puede beber ni cometer excesos, que le han diagnosticado un soplo al corazón. Claro, tanto soplar en la mano pasa factura.