domingo, noviembre 12, 2006

DURO DE PELAR

. domingo, noviembre 12, 2006

Una vez que me hicieron las curas en el hospital me fui a poner la denuncia al cuartel de la Guardia Civil, delante de la puerta tenían aparcada una de esas motos que usan los de tráfico para perseguir a los coches y multarlos, curiosamente la habían dejado con las llaves puestas, ya se sabe, "en casa del herrero ...". De pequeño siempre soñé con ser uno de ellos, coger la moto, dar gas a fondo y salir en busca de algún malechor. Luego y gracias a la moto le alcanzaría con facilidad, le reduciría, le machacaría el cuerpo a porrazos y finalmente le pegaría un tiro para que aprendiera que no había que portarse mal.


Al entrar me recibió un agente cuyo físico no era el más apropiado para perseguir a un delincuente a la carrera.
-Buenas.
-Hola.
-¿Qué desea usted?
-Mire agente, quería poner una denuncia contra los que me hicieron esto -le dije mientras le mostraba los golpes y magulladuras de mi cuerpo.
-Mmmmmmmmmm, su cara me suena y no sé de qué. ¿Conoce usted a los agresores?
-Sí, se llaman Manolo y Anselma, son de la zona de los Olivos y tienen una hija que se llama Cruz.
-Mmmmmmmm, la Cruz ..., la Cruz, sé quien es.
-¿Sí?
-La conocí durante un simulacro de redada en un club.
-¿Es usted amigo suyo?
-Bueno, se puede decir que sí, pero ...
-Ya, me dijo que acabó en la marginalidad por culpa de las malas compañías, como usted, supongo.
-¡Oiga!, yo no he venido aquí a que me juzguen.
-Muy bien, muy bien, perdone, pero me sigue sonando su cara.
-Y dale, ¿le importaría proseguir con lo de la denuncia?
-Ok, así que según usted, los padres de Cruz, unos tal Manolo y Anselma fueron los que le agredieron.
-Exactamente no ..., o igual sí ..., no sé ellos empezaron todo, luego vinieron más vecinos y finalmente llovieron las piedras.
-Pero entonces no pudo usted identificar con claridad quien tiraba las piedras, ¿no?.
-Pues la verdad es que no.
-¿Y qué quiere?, ¿que detengamos a todo el vecindario?
-No sé, en el hospital me dijeron que viniera aquí.
-Esos malditos matasanos no tienen nada mejor que hacer que darnos más trabajo del que tenemos, ¡qué bien nos iría si sólo metieran las narices en lo suyo!. En fin, aguarde un momento que voy a hacer unas comprobaciones.
-Vale.
Momentos después el guardia volvió, me fijé en su cara, no anunciaba nada bueno, su anterior tono afable había desaparecido, ahora tenía esa cara de hijos de perra que se les pone cuando te van a multar:
-Perdone otra vez, ¿su nombre?
-Jesús, Jesús ...
-¡Es él, "El Mochilas". Chicos, detenedlo ostia, que me he dejado olvidadas la pistola y las esposas en el váter!
El anuncio les pilló por sorpresa, la mayor parte de ellos estaban allí tomándose un café tranquilamente con lo que tardaron algo en reaccionar. No sabía por qué me querían trincar, pero no iba a esperar a que me lo contaran.
Aprovechando el despiste general golpeé con una silla la cabeza del agente y salí por piernas del cuartel. Justo frente a la puerta seguí la moto con las llaves puestas, no lo dudé un minuto, la cogí, la arranqué y salí quemando rueda. Por el retrovisor pude comprobar como un ejambre de guardias habían tomado el patio en dirección a sus vehículos y emprendían mi persecución. Yo no sabía ni qué hacer ni a donde dirigirme simplemente abrí gas y seguí todo recto por la calle en la que me encontraba. Por detrás de mí, las sirenas aullaban sin cesar, los jodidos coches que me entorpecían el camino se arrimaban a un lado para dejar pasar a mis perseguidores.
Ya estaba llegando a las afueras de la ciudad, un nudo de carreteras apareció ante mí, tiré por donde me parecía más fácil y fuí a desembocar en la carretera nacional, allí había muy poco tránsito, así que abrí gas a fondo y cambié de marcha; la moto hizo un "caballito" y salí disparado en pos de la libertad.



Por un momento las sirenas habían dejado de oirse pero allí venían otra vez, esos hijos de perra no se iban a rendir tan fácilmente, mi sueño de niño se estaba cumpliendo aunque no del todo como yo quisiera.
De pronto se empezó a oir un crepitar en el cielo, miré hacia arriba y allí estaba el maldito helicóptero y su franjas verdes me confirmaron que no era el de "Tulipán" precisamente, , al rato otro helicóptero se le unió, éste tenía colores rojos, azules y amarillos, en un lateral llevaba un logotipo, ¡el de Antena 3!, ¡éstos seguro que lo estarán grabando para sacarme en "Noche de Impacto".
Ahora me sentía como Lorenzo Lamas en su papel de "Renegado" circulando a todo gas con mi moto por la carretera. En un principio los perseguidores me iban comiendo la ventaja poco a poco, pero desde hacía unos minutos ésta se mantenía, sin aumentar ni disminuir y eso no me gustaba, estaba seguro de que más adelante habría gente esperándome. Solté las manos del manillar y les hice un corte de manga a los helicópteros, luego emulando a Valentino Rossi (aunque por los colores de la moto se diría que era más de Kawasaki que de Yamaha) me acoplé a mi montura y hundí la cabeza en el manillar. La carretera pasaba bordeando una zona industrial por eso la presencia de camiones se había hecho más notable, pero no me amilané, empecé a adelantarlos y a esquivarlos con gran pericia, por la derecha, por la izquierda, por la por las isletas, ... cualquier sitio era bueno. El cuentakilómetros marcaba 180 y subiendo, ¡menudas maquinitas que se gastan los lagartos!, de pronto y mientras adelantaba a un enorme trailer en una curva y por el arcén derecho me encontré con un "huevo" de esos sin carnet, que pilotado por un viejo, debía ir por lo menos a 10 por hora, no me dio tiempo a frenar, así que le embestí con furia incrustándole la defensa trasera debajo del asiento del conductor. Con el golpe salí despedido, yendo a caer en la parte de atrás de un camión que iba cargado, curiosamante y cómo en las películas, de colchones. Caí sobre ellos y me agarré fuertemente para no salir rebotado. El camión era viejo y circulaba demasiado lento para mis intereses, debía abandonarlo rápidamente. Me puse de pié y miré hacia atrás, la mayor parte de mis perseguidores se habían parado donde yo había embestido al coche sin carnet, incluso los helicópteros sobrevolaban aquella zona, supongo que no me habían visto aterrizar en el camión. Pero para mi desgracia un par de coches seguían circulando y uno de los agentes al verme encima de los colchones habló por la radio mientras me señalaba. En ese momento un Peugeot descapotable conducido por un niñato con gafas de sol estaba adelantando al camión, no lo dudé un instante y salté. El niñato apestaba a colonia cara, tenía el pelo al estilo descuidado pero todo engominado, llevaba las uñas de manicura y vestía ropa de marca, ¡era un maldito pijo!. Caí justo en el asiento del acompañante, él se asustó mucho al verme aparecer de la nada y perdió momentáneamente el control de su coche.
-Joder, pavo, ¿de dónde sales con esa pinta?
-¡Necesito que vayas más rápido!
-¡Esto es super megafuerte, tío!
-¡Acelera, imbécil!
-Oye, no me insultes, ¿ok?, si no te gusta como conduzco te bajas, te lo juro de verdad.
-¡Aquí las normas las pongo yo, gilipollas!
-Mira o sea, ya me has enfadado, acabo de sacarme el carnet y mi padre me ha comprado este buga, sabrás que no puedo pasar de 80, y ¡me lo estás manchando todo!
Los pobres como tú no tenéis respeto por nada.
Le golpeé con saña hasta hacerle perder el conocimiento, le tiré fuera de su asiento y tomé los mandos del vehículo. Aunque era bastante potente, no era tan manejable como la moto y se hacía más difícil sobrepasar el tráfico que tenía delante.
Poco a poco y golpeándome con todo dios lo fuí consiguiendo.
Los helicópteros habían pasado por encima mía y se hallaban volando en círculos unos kílómetros más adelante, en ese momento supe que allí me esperaban más patrullas, supongo que tendrían la carretera cortada. Busqué inútilmente un resquicio por el que colarme y abandonar la carretera, pero ésta se hallaba cercada por quitamiedos, ya no había más escapatoria, me iban a pillar allí mismo, pero no les saldría gratis.
Los coches se estaban parando a los lados y pude observar la fila de coches patrulla cortando de lado a lado la carretera, habían colocado también el aparato ese de las púas que te pincha las ruedas. Casi en frente a los coches patrulla y arrimada a un lado había una grúa de asistencia, de esas en rampa, cuando la ví supe lo que había que hacer. Quité una marcha, aceleré a fondo y dirigí el coche hacia la rampa de la grúa, oí un estrepitoso crujido, era la defensa al chocar contra el inicio de la rampa. Pensé que el coche se iba a parar allí, pero no fue así pues ascendió velozmente por la rampa y salió disparado por encima de la cabina de la grúa. Mientras volaba pude contemplar las caras de los agentes allí apostados, en un primer momento eran de asombro y estupor pero rápidamente cambiaron a enfado y concentración. Los guardias y los polis (éstos también se habían unido a la fiesta en este punto de la carretera) empuñaron sus armas y empezaron a disparar al coche volador.
En ese momento me dí cuenta de que ahora ya no era un juego, ahora yo era un fugitivo peligroso y harían todo lo que estuviera en sus manos para detener mi huida y capturarme vivo o muerto.
El coche empezaba a perder altura, el salto había sido bueno, pero ahora tocaba aterrizar. Agarré con fuerza el volante, el niñato pijo empezaba a recobrar la conciencia, delante nuestra había aparcado un BMW negro, del modelo X5 con una luz giratoria azul encima, supongo que sería el coche oficial de algún alto mando. Sentí un gran estrépito, seguido de chirrido metálico y chispas, muchas chispas. El Peugeot se iba deslizando rápidamente por encima del X5, poco antes que el coche hiciera contacto con el asfalto sentí un estruendo seguido de una tremenda explosión. Detrás mía se podía ver una escena dantesca, una gran bola de fuego lo estaba devorando todo, agentes, motos, coches, el BMW y ¡un helicóptero!. Uno de los helicópteros se había precipitado encima de los coches que cortaban la carretera y explotó provocando la catástrofe. Al parecer, mientras yo iba por los aires y los agentes dispararon para derribarme una de las balas alcanzó al helicóptero y éste se desplomó sobre los coches.
No me quedé a verlo, tenía que aprovechar la circunstancia de que todos los que me perseguían habían quedado atrapados. Pisé a fondo el acelerador, el coche me respondió y salimos pitando. Pensé que ahora todo iba a ser más fácil, nadie me perseguía, pero debía salir de esa maldita carretera y cambiar de vehículo. Había hablado demasiado rápido pues un helicóptero atravesó la columna de humo provocada por las llamas de la explosión y empezó a seguirme.
-Estos malditos de Antena 3 no se dan nunca por vencidos -me dije.
-¿Cómo?, ¿Antena 3?, ¿dónde estamos? -el pijo cada vez estaba más consciente.
-Tú calla si no quieres recibir más.
-Conduce con cuidado, tío, o sea que me lo vas a rayar.
-¡He dicho que te calles!, ¿no me entiendes?
-Que sí, te lo juro por Snoopy, pero cuídamelo, no vaya a se que me lo rompas y luego mi padre sólo me compre uno de segunda mano, ¿o es que me lo quieres robar?
-Vaya, veo que te vas enterando de lo que sucede.
-Mira, si quieres te doy todo lo que tengo, la Visa Oro, mi E-Pod, el móvil 3G de última generación con videollamada, scáner, impresora y GPS, mi camisa de Yves Saint Laurent, hasta si quieres te doy mis boxers de Calvin Klein, pero no me robes, el buga porfa.
De repente el motor empezó a traquetear y el coche empezó a dar tirones, miré para el salpicadero, la aguja marcaba la reserva.
-¡Maldita sea, nos hemos quedado sin gasolina!
-Es verdad, mi padre me dió dinero, pero preferí comprarme los discos de Kiko y Sara; y de Bisbal, pensé que aguantaría más, cómo es tan moderno.
-¡Gilipollas!, modernos o no, cuando se acaba el combustible los coches se paran.
Por el carril contrario y frente a nosotros apareció un coche de policía, al reconocerme hizo un trompo y empezó a perseguirme, uno de los agentes empuñaba un arma y las balas no tardaron en hacer su aparición. Con el coche perdiendo velocidad y con las balas silbando a mi alrededor sabía que mi aventura tocaba a su fin. Pulsé el botón de levantar la capota para que hiciera de escudo y paré el coche a un lado de la carretera, senté al pijo al volante, me escurrí por un lateral y empecé a correr campo a través. Entonces oí silbar una bala y sentí primero un pinchazo y después un dolor agudo en un muslo que me paralizó la pierna haciéndome perder el equilibrio, cayendo de bruces encima de una maldita boñiga.
Traté de levantarme pero la voz quejosa de un agente armado me disuadió:
-Quieto ahí, no se mueva o disparo, coloque las manos donde pueda verlas.
-Vale, vale, no dispare, me rindo.
El agente me esposó y me llevó a la carretera donde había más compañeros, uno de ellos se acercó a mí y empezó a hablarme:
-Queda usted detenido, se le acusa, de incendio, estafa a compañía de seguros, robo, agresión, resistencia a la autoridad, etc, etc, etc.
-Mi fin había llegado.

7 Perdieron el tiempo aquí:

El Responsable dijo...

Ya sé que es un poco fantasma pero no está muy alejado de lo que se puede encontrar uno en cualquier película de acción.

Anónimo dijo...

Bah, le ha faltado una explosión atómica.

El Responsable dijo...

Eso está pasado de moda, eran cosas de su juventud, ahora se llevan los gases nerviosos y cosas por el estilo

Ruth dijo...

Yo le habría añadido un par de vueltas de campana, por la espectacularidad. Por lo demás,
¿quién no ha soñado alguna vez con robar la moto a un agente de la ley?

El Responsable dijo...

Ruth, supongo que el menos indicado para soñar con robarle la moto a un agente de la ley será otro agente de la ley.
Aunque claro, si uno va con una BMW y otro con una Vespino puede darse el caso.

_LOBEZNO_ dijo...

unm... ha faltado más sangre y muertos descritos. Se supone que no hay riesgo si no hablas de la muerte en medio de tamaña persecusión. El pijo hubiera estado bien muerto con el cuello roto al salir despedido con el coche de la grua... al aterrizar zasss!!!!! jajajajaja

_LOBEZNO_ dijo...

persecución*