jueves, noviembre 30, 2006

AR

. jueves, noviembre 30, 2006

...estaba preciosa. Me quedé helado al verla, pese a que me encontraba en los estudios centrales de Telecinco no había caído en la cuenta de que me la podría encontrar paseando por cualquier pasillo, o grabando algún anuncio, o vete tú a saber qué mas cosas. Con lo que no contaba es con estar a solas con ella en su despacho. Se trataba de un pequeño espacio de unos 40 metros cuadrados, iluminado por un gran ventanal que dejaba ver la ciudad al fondo. Repartidos por toda la estancia había por lo menos una docena de jarrones con flores y las paredes estaban prácticamente empapeladas con reproducciones de las portadas de una revista, la revista en cuestión parece que se llamaba AR y la protagonista de las portadas era siempre ella. Ana Rosa se encontraba sentada tras una enorme mesa de despacho flanqueada por varios jarrones un par de ordenadores y un televisor de pantalla plana. Encima de la mesa y frente a ella se hallaban esparcidas un ciento de revistas, había del corazón, de televisión, de actualidad, de moda, de hogar, ..., la verdad me extrañó no encontrar el National Geographic. Ella al verme irrumpir de esa manera en su despacho apartó la vista de lo que estaba leyendo, que al parecer se trataba del guión del programa del día siguiente, y me miró con gesto contrariado, y entonces me habló:
-¿Se puede saber qué cojones miras?
-A, a tí, estás muy guapa hoy -balbuceé.
-Eso ya lo sé, no hace falta que me lo digas.
La verdad es que estaba realmente preciosa ese día, llevaba una falda por la rodilla que dejaba entrever unas expléndidas piernas semitapadas por unas medias de cota de malla. De cintura para arriba llevaba una sencilla blusa blanca adornada con las letras UP, sube en inglés, grabadas justo a la altura de su ..., de su corazón.
Siempre ha sido una mujer que me ha fascinado desde que la ví por primera vez en el programa de Antena 3 "Sabor a Tí".

-Ejem, yo me llamo Suso.
-Mi nombre no creo que haga falta que te lo diga, ¿no?.
-No, no, te conozco muy bien, más de lo que tú piensas.
-Ya, bueno, supongo que has venido a que te firme mi libro, ¿no?. Anda, coge uno en aquel armario, aún tengo unas 50 cajas.
-No, no, no me interesa tu libro, sólo me interesas tú.
-¡Vaya!, ¡manda huevos!, es lo que me faltaba hoy, un adulador.
-Lo siento, pero me gustas, y mucho.
Cogió el bolso que tenía encima de la mesa y extrajo una cajetilla de Ducados (en ese momento entendí el porqué de la presencia de tanta flor en su despacho, la tía fumaba Ducados como una carretera, las colillas del cenicero la delataban). Luego se llevó un cigarrillo a la boca y me hizo el gesto para que se lo encendiera. Al principio no me fijé en lo que me solicitaba pues me había quedado observando el interior del bolso, por lo que pude ver llevaba un envoltorio del famoso anillo de Dúrex y también un sobre de compresas, de compresas Tena Lady, estaba visto que a la tía le iba la marcha y que Concha Velasco no es la única que tiene problemas con las pérdidas de orina.
-¿Me lo vas a encender o no? -preguntó impaciente.
-Claro, claro, lo siento -le dije al tiempo que cogía un gran mechero de mesa y cumplía su deseo.
-Y deja de meter las narices en mi bolso o te pego una ostia, ¿entiendes?
-Lo siento, lo siento, no quiero enfadarte, te quiero demasiado como para hacerte daño.
-Mira chico, si necesito una limpieza de bajos ya tengo a Antonio Hidalgo, él siempre tiene la lengua dispuesta.

-Oye, oye, que yo no te he faltado, no hace falta que me compares con ese retrasado.
-¡Si no te gusta lo que ves lárgate!, acabo de discutir con Belén Esteban y esa cuando anda con el mono se pone insoportable, hasta el coño me tiene la petarda esa.
-Te comprendo, no sé como la soportas.
-Yo tampoco, ..., ¿cómo decías que te llamabas?
-Suso, me llamo Suso.
-¿Y qué te trae por aquí?
-Nada, vine por el cuento de Mila y Julián Muñoz -acto seguido le conté todo lo que me había acaecido desde mi estancia en la cárcel.
-¡Así que estuviste en la cárcel!, ahora mismo llamo a seguridad, no sé qué cojones andarán pensando esos malditos vigilantes para dejar campar a sus anchas por aquí a un individuo peligroso.
-Yo no soy para nada un tipo peligroso, ¿entiendes?
Ella hizo ademán de coger el teléfono, pero yo fui más ágil y conseguí agarrarle la mano antes de que pudiera descolgar el auricular.
-¡Suéltame hijo de puta!, como no me sueltes te voy a romper la cara a ostias, ¿ok?.
Ella estaba fuera de sí, con la mano que le quedaba libre intentó golpearme con el cenicero y lo único que consiguió fue vaciarme las colillas encima. Entonces no tuve otro remedio que agarrarle la otra mano, y así nos quedamos unos instantes forcejeando los dos. Finalmente se impuso mi fuerza y a nuestras caras sólo las separaban unos escasos milímetros. Luego aproveché un momento de indecisión suyo y la besé en el cuello.
-¿Qué haces, imbécil? Ni se te ocurra volver a hacerlo, ¿ok?
-Pues yo creo que te ha gustado.
-¿Tú estás loco o qué?, ¿con la de hombres que tengo a mi disposición y piensas que me voy a dejar camelar por un miserable como tú?
No lo quería reconocer pero le había gustado, en un principio tenía el cuello tenso, pero al besarla noté como se le relajaban por completo las fibras, incluso pude observar como se le erizaba el bello de las orejas.
La volví a mirar a la cara, así cabreada estaba todavía mucho más guapa, así que sin pensármelo dos veces volví a la carga y la besé, la besé como nunca antes había besado a ninguna mujer. Supongo que eso es lo que haría cualquier quinceañera si pudiese echarle la zarpa a su ídolo. Era verdad, me estaba comportando como una quinceañera, pero era demasiado tarde para volverse atrás. Luego recorrí con mi lengua su cuello, que se ladeó automáticamente como si con ella accionara algún tipo de resorte oculto bajo su piel. Ella no decía nada, se limitaba a jadear cada vez más y más profundamente según la punta de mi lengua se acercaba al lóbulo de su oreja o descendía hasta el arranque de uno de sus pechos. Sus manos liberaron las mías y fueron bajando por mi cuerpo hasta la cintura, luego con gran rapidez me despojó de la camiseta para dejar al descubierto mi torso desnudo. Si ella se movía rápido yo no me quedaba atrás, con gran habilidad le fui desabrochando uno a uno los botones de la blusa dejando a la vista lo que se adivinaba como unos preciosos pechos escondidos tras un sujetador de encajes y "sin" relleno.
Finalmente mis manos buscaron la cremallera de su falda y momentos después ya se había quedado en ropa interior. Nos besamos con pasión en la boca, ella levantaba la cabeza para que mis labios se posaran en su cuello, la debía poner muy cachonda el que la besaran en esa zona. Sus manos volvieron a mi cintura y se introdujeron por debajo de mi ropa interior buscando mi entrepierna. No tuvo problema alguno para toparse con mi miembro que estaba duro como una roca y que amenazaba la consistencia de las costuras de mis pantalones. Me despojó de la ropa que me quedaba y abrazó todo mi cuerpo al tiempo que me besaba el pecho, luego bajó la cabeza y buscó mi pene, con gran pericia se lo introdujo en la boca y empezó a chupar. Era tal el placer y el morbo que esa situación me provocaba que estuve a punto de correrme en su boca.
Hice que se levantara y decidí despojarla de la seda que todavía la cubría, con el nerviosismo de un novio novato tardé más de lo normal en desabrocharle el sujetador, seguidamente le tocó al liguero y finalmente con el tanga todo fue más sencillo. Ella tiró al suelo todo lo que había encima de la mesa y se apoyó en ella dándome la espalda mientras me mostraba su magnífico culo en pompa. No lo dudé ni un segundo y la penetré por detrás, al principio dio un leve gemido de dolor que pronto se transformó en placer, placer que la hizo jadear durante la media hora en que nuestros cuerpos estuvieron unidos. Ella se retorcía, movía las caderas de arriba a abajo y me gritaba que le diera más, que le reventara las entrañas. El "metesaca" se veía ahora acompañado de un chapoteo, era su flujo que inundaba toda su vagina y se escurría piernas abajo y que producía ese chapoteo a cada acometida mía. Finalmente, cuando estaba a punto de correrme hice el ademán de quitársela, ella giró la cabeza y me dijo:
-¡Ahhh!, mmmmmmm, no hace falta, me hice la ligadura.
Empujé con más y más fuerza hasta que conseguí descargar todo el contenido de mis huevos dentro de ella que se retorció de placer. Estuvimos un buen rato en esa postura hasta que finalmente nos apartamos cada uno a un lado y nos tumbamos en la moqueta del suelo. Seguía estando preciosa así despatarrada y abierta de patas en el suelo.
-Anda, vete, por hoy ha sido suficiente -me dijo.
-Vale, pero volveré.
-Pues claro que volverás, de eso me encargo yo.
Cogí mi ropa, me vestí y me marché.

5 Perdieron el tiempo aquí:

El Responsable dijo...

Como estoy haciendo alguna obrilla en el blog, voy a ver si salen bien los comentarios.

ruvias intelijentes dijo...

pues nosotras tamvien bamos a provar: hun dos hun dos provando provando

pues parece que si ;)

que te emos linkiado aora que emos haprendido (como semos ruvias). hesperamos que no te moleste

muakis osijenados

El Responsable dijo...

Bienvenidas a este blog, ruvis. Vuestra presencia aquí y vuestro enlace me honran.
Si deseáis una oportunidad en la televisión no dudéis en acudir a mí, ultimamente tengo bastante mano en ello, eso sí, prometo trataros con más respeto que a Ana Rosa y enlazaros con la mayor brevedad posible.

Groucho dijo...

Caramba, señor Responsable, qué subidito de tono se ha puesto su blog, ¿va a dedicarse usted a la literatura erótica? Si es así, me ofrezco para ilustrarle con mis experiencias sobre el tema.

Pero antes debo obtenerlas, si fuera usted tan amable de regalarme un abono de diez viajes para el burdel local...

El Responsable dijo...

Acepto su ofrecimiento, ya que ha mencionado usted `la palabra le pediría que me mande unas cuantas fotos suyas con chicas en paños menores para "ilustrar" este blog, del que es usted un ilustre lector.

PD: De lo de las fotos que no se entere su ilustrísima, bueno me voy a darle lustre a los zapatos.