sábado, octubre 07, 2006

MI VIDA EN LA MONTAÑA (X)

. sábado, octubre 07, 2006

Estábamos discutiendo otra vez:
-Eres una perra, no me haces ningún caso, sólo tienes ojos para ese maldito bebé.
-No es verdad, y tú lo sabes.
-Mientes, desde que te quedaste embarazada dejaste de quererme.
-No, no es así, dejé de quererte desde el día que me pegaste, ahora te detesto. Dios mío, como has cambiado, antes no eras así, te estás convirtiendo en un monstruo. Cada vez te pareces más a mi abuelo.
-¡Jajajaja! parecerme yo a ese maldito carcamal, anda, no digas más estupideces, todavía soy joven, como mucho me gustaría ser tan bueno como él en su negocio, pero no soy igual que él.
-Sí pero te has vuelto violento, hosco y huraño igual que él.
-Si yo digo que no me parezco a tu abuelo, es que no me parezco a tu abuelo, a ver si así aprendes a entender lo que te digo -dijo mientras me golpeaba furioso.
-Tienes razón -sollocé -no eres como mi abuelo, ¡eres peor que él!.
-¡Y tú eres una puta asquerosa, te voy a matar aquí mismo, zorra!
Cogió el cayado que usaba para llevar el rebaño y me empezó a golpear con él, primero por las piernas, después por el vientre y finalmente sus golpes buscaban mi cabeza. Yo trataba de esquivarlos como podía y me protegía con los brazos. El golpeaba con fuerza, con tanta que tras un golpe sentí un chasquido y luego un inmenso dolor en uno de mis brazos, el grito de dolor que solté se debió oir en toda la maldita montaña.
De pronto se escuchó un fuerte golpe y la puerta de la cabaña se vino abajo.
-¿Quién podría ser? -me pregunté, aquella cabaña estaba muy apartada del pueblo y muy poca gente sabía siquiera que existía.
Acto seguido irrumpieron en la cabaña un grupo de hombres vestidos de cuero, salpicados de sangre, oliendo a humo y con la cabeza cubierta con pasamontañas. El que parecía el jefe se adelantó un poco y tomó la palabra. Yo estaba tirada en el suelo doliéndome de los golpes y Toni se había quedado inmóvil y desconcertado ante la inesperada visita.
-Deja ya de golpear a la chica, cabrón, golpéame a mí si quieres.
-¿Quién eres y qué haces aquí? -replicó Toni.
-Antes de nada, coged a la chica y tratad de curarle los golpes, yo me encargaré de él.
-De eso nada, aquí el único que le pone la mano encima a la chica soy yo y el que no me entienda se las verá conmigo -dijo Toni blandiendo el cayado.
El jefe hizo un gesto a sus hombres y dos de ellos se abalanzaron sobre Toni y le redujeron con facilidad. Pese a que trató de defenderse con el cayado ellos eran más fuertes y más hábiles. Le golpearon en el estómago y le ataron a una silla. Entonces el jefe se acercó a él, Toni le escupió, el otro le arreó un puntapié en la cara que provocó que la cabeza quedara colgando.
-Reanimadle, le quiero consciente.
Un masaje con nieve le devolvió la consciencia al hombre que hacía un rato me había intentado matar, me habían hecho curas en las heridas y me habían inmovilizado el brazo que ya no me dolía tanto. Mientras tanto asistía impávida al desenlace de la situación.
-¡Te voy a matar, hijo de puffbta! -farfulló Toni mientras escupía un diente roto.
-Jajaja, ¿sí?, eso ya lo veremos, ahora calla y escucha. ¿Te acuerdas de Mari?.
-No sé de quien me hablas.
-Lo imaginaba.
-Tú zabrás -y escupió otro diente.
Entonces el jefe nos relató toda la historia de Mari (Mariano), de quien era, de los tratos con mi abuelo y de cual era la causa que los había traído hasta esta cabaña.
-...y finalmente tu madre rota por el dolor viendo lo que le estaba sucediendo a sus vecinos, nos dijo donde te escondías, y aquí estamos.
-Yo no me escondo, maricón. ¡Maldita vieja! Cuando acabe con vosotros me encargaré de ella.
-Ya, ahora sólo queremos saber qué le hiciste a Mari y el porqué.
-Estarías tonto si esperas que te cuente algo.
El jefe golpeó a Toni otra vez pero esta vez no perdió el sentido.
Hasta ese momento me había mostrado espectante ante lo sucedido, pero decidí tomar partido en la situación:
-Yo os lo contaré, fui testigo de lo sucedido, pero me tenéis que prometer algo.
-Zorra adquedozza, te voy a matar -y otro diente salió de su boca.
-Amordazadle, me molesta el inútil ese -ordenó el jefe.
Haciendo caso omiso a las amenazas de Toni, proseguí.
-Os contaré todo, pero me tenéis que prometer que no le dejaréis con vida.
Toni abrió mucho los ojos, se revolvió en la silla y trató de mascullar algo, pero la mordaza se lo impedía.
-No sé si te vale, pero lo único que te puedo prometer es que si es culpable morirá.
-Pues que así sea, porque lo es y mucho.
Toni se volvió a revolver en la silla, el jefe hizo un gesto y uno de sus hombres hizo descargó con fuerza un golpe con un bate en su pecho, que lo hizo caer al suelo atado como estaba a la silla. Lo levantaron y le dijeron:
-Más te vale que te quedes quietecito y que vayas rezando lo que sepas.
Con Toni quieto e inmovilizado y los demás callados y espectantes empecé con el relato de los hechos acaecidos aquel día en mi habitación, les conté con pelos y señales como Toni le había golpeado con saña hasta matarle por el simple hecho de haber querido besarle. Mentí cuando les conté que grabó todo (no hacía mucho que me había encargado de borrar las escenas de sexo para que no se me relacionara como parte interesada en las muertes), que me violó allí mismo y que él sólo era capaz de follar ante la visión de la grabación . Finalmente les conté lo que le había hecho también a mi abuelo, haciéndome la compungida.

(CONTINUARÁ)

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