sábado, septiembre 23, 2006

MI VIDA EN LA MONTAÑA (VIII)

. sábado, septiembre 23, 2006

-¡No sé como has podido!
-¿No sé como he podido, qué?
-Quedarte embarazada.
-Es lo que pasa al no tomar precauciones, y aquí en esta jodida montaña no hay farmacias.
-Habrá que aguantar con lo que venga, supongo.
-No sé lo que estarás pensando, pero sacaré esta criatura adelante.
-No tenemos mucho dinero, las cabras y las ovejas no hacen rico a nadie.
-Bueno, deberíamos tratar de averiguar donde escondía el viejo sus riquezas, con todo lo que debe tener guardado podríamos vivir de rentas el resto de nuestras vidas.
-Supongo que habrá algún abogado que tenga su testamento, igual allí se dice donde pueden estar.
-Es verdad, algo había oído sobre un picapleitos y una caja fuerte, una vez le pillé hablando por teléfono del tema con uno de la ciudad.
-Pues cuando llegue la primavera iremos a visitarle, mientras tanto trata de buscar la dirección, un número de teléfono, o yo que sé, pero encuentra algo.
-Lo intentaré, pero no te prometo nada.
-Venga, vamos a follar un poco, que me tienes muy desatendido, pon la grabación.
-Hoy no, no me apetece, tengo el estómago revuelto y no me encuentro bien.
-¡Siempre la misma escusa! ¿Para qué cojones te estoy manteniendo? No, si al final para follar voy a tener que irme de putas. ¡Pon la puta grabación!
-¡Nooo!-
gemí -haré lo que quieras pero no con la grabación, tal y como estoy con toda esa sangre acabaré echando la papa.
Me agarró del brazo y me abofeteó.
-¡Ya me estás tocando mucho los cojones, puta! Haz lo que te digo si no quieres recibir más.
Yo estaba aterrada, siempre me había considerado una mujer fuerte e independiente, incluso me reía de la debilidad de las maltratadas y ahora me había visto en su misma tesitura y me sentía totalmente indefensa, no tenía a quien acudir pidiendo ayuda, así que accedí a sus peticiones llorando como una perdida.
Fue la primera vez en la vida que me había sentido violada, ni siquiera cuando lo de mi abuelo me había sentido tan mal. Mi Toni era un monstruo y yo iba a tener un hijo suyo. La culpa era mía, me debí dar cuenta de que una persona que es capaz de matar a otra sin miramientos nunca dejará de ser peligrosa para quien tenga cerca.
-Bien, ya has tenido lo que querías, ahora me puedes dejar sóla, por favor.
-Mmm, no sé, no me ha gustado mucho, te has mostrado muy pasiva. No voy a estar matando corderos todos los días para conseguir ponerte cachonda.
La verdad era que al poco de habernos ido a vivir juntos, cada vez que él mataba y despellejaba un cordero para comer, acabábamos haciendo el amor como locos. La sangre me atraía en esa época, pero ahora me revolvía las entrañas y él no se daba cuenta, no se daba cuenta de que eso era uno de los síntomas de mi embarazo, no se daba cuenta de que transcurridos unos meses todo volvería a la normalidad, no se daba cuenta de nada. Entonces comprendí que él no quería al niño, ni a mí, él solo quería mi cuerpo. Desde ese mismo momento fui consciente de que la vida de esa criatura que llevaba en mi vientre corría serio peligro, tenía que hacer algo.
-Si un hombre no te vale, pues busca otro- me dije- Si él me llamaba puta, pues lo sería.
Aprovechando las largas estancias de Toni en la montaña, (se había construido una cabaña y un establo más arriba del pueblo y sabía que se llevaba jovencitas allí. Creo que el muy bastardo manejaba más dinero del que decía) me acosté con todos los hombres que pude. Descubrí que todos le detestaban y le temían al igual que pasara con mi abuelo, así que no le dirían nada al respecto. Grababa todos los encuentros y luego los vendía a una página de internet que los publicaba. Con eso me iba animando pese a que tenía la certeza de que era prisionera de aquella montaña maldita, en cuanto se levantaran las nieves, buscaría el tesoro de mi abuelo y luego huiría lejos, muy, muy lejos.

(CONTINUARÁ)

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