sábado, septiembre 30, 2006

MI VIDA EN LA MONTAÑA (IX)

. sábado, septiembre 30, 2006

Siempre he pensado que los gays no eran más que unas nenazas, incluso más débiles aún que nosotras, pero estaba muy equivocada.
Los primeros rayos de sol de la primavera empezaban a derretir la nieve, todavía seguíamos incomunicados con la civilización, pero no tardaríamos en volver a establecer contacto. Con la maquinaria adecuada se podría ya abrir algún camino, pero nadie estaba interesado, o eso pensaba.
Una tarde de comienzos de marzo la gente salió de sus hogares sorprendida por un gran griterío, una pequeña multitud de hombres avanzaba decidida hacia nuestra aldea, vestían cuero negro y llevaban las cabezas tapadas con pasamontañas, portaban porras, bates de béisbol, puños americanos y otros objetos contundentes. Estaba claro que no venían en son de paz, pero tampoco lograba entender qué era lo que les traía a este remoto lugar.
-¿Qué le habéis hecho? -preguntó el que parecía su jefe a César, el herrero de la aldea, el cual comandaba un pequeño comité de bienvenida que había salido a recibirles.
-No sé a qué te refieres.
-Digo que qué le habeis hecho a Mari.
-Nosotros no sabemos quien es esa tal Mari.
-No es esa sino, ese ..., bueno sí ..., dejémoslo en esa, pero su nombre es Mariano.
-De todas todas no sé quien es.
-Practicaba la abogacía, vino aquí a finales del verano, había entablado amistad con un viejo tras haberle hecho las gestiones para su herencia. Nunca más hemos vuelto a saber de él, era nuestro jefe, somos un colectivo de gays y muy cabreados.

-El viejo en cuestión ha muerto y su nieta no se halla aquí en estos momentos (yo había ido a visitar a Toni a su cabaña del monte) así que no os va a poder ayudar, en cuanto a nosotros, ninguno sabemos nada del tema, así que es mejor que os vayáis largando, nenazas de mierda, no vaya a ser que os quitemos el rimmel a bastonazos, jajaja.
-No os tenemos miedo, venimos armados, sólo queremos tener noticias de Mari y castigar a los que le hallan hecho daño, al resto os dejaremos en paz.
-A mí me van a dar órdenes éstas -dijo César irritado -Vamos chicos acabemos con estos invertidos de una puta vez.
Los hombres de la aldea salieron todos en tropel dispuestos a acabar con los visitantes, éstos haciendo gala de una gran habilidad con el manejo de las armas que poseían y de las artes marciales, vencieron a los aldeanos sin mucho esfuerzo, luego los desnudaron y los ataron de pies y manos.
-¡Adelante!, son todos nuestros y no paréis hasta conseguir lo que queremos -dijo su jefe dirigiéndose a la tropa.
Sus seguidores le obedecieron y sembraron el pánico y el horror en toda la aldea, hubo cabañas saqueadas y quemadas, mujeres y niños apaleados, animales muertos, pero sobre todo hubo violaciones, todos los hombres que habían osado enfrentarse a ellos fueron salvajemente violados por los atacantes. La imagen de los hombres del pueblo vencidos, vejados y humillados quedó grabada en la retina de todos cuantos fueron partícipes de lo acontecido aquella tarde.
Finalmente alguien delató a Toni, según cuentan las malas lenguas fue su propia madre horrorizada ante lo que le estaban haciendo a sus vecinos.
Los asaltantes, una vez que les hubieron informado acerca de lo que querían se pusieron rumbo a la cabaña de Toni para cumplir con su venganza.

(CONTINUARÁ)

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