jueves, septiembre 14, 2006

MI VIDA EN LA MONTAÑA (IV)

. jueves, septiembre 14, 2006

La escena era dantesca, todo el suelo de la habitación cubierto de sangre y masa encefálica. Frente a mí un hombre jadeante me miraba fijamente a los ojos. Siempre había aborrecido a aquel hombre, aunque no a aquel niño. Ahora le miraba desde otro punto de vista, era un asesino, era peligroso, ya no era un simple mirón pajillero, tenía algo, no sé ... ¡Me gustaba!, ¡era eso, me gustaba porque había sido capaz de matar a un hombre!
Me fui acercando a él muy despacio, tratando de esquivar los trozos de la cabeza del muerto, una nota de terror apareció en su cara, se había dado cuenta de lo que había hecho, había matado a un ser humano y empezaba a arrepentirse.
-Apártate.
-Tranquilo, sé que estás asustado.
-No, no lo estoy, estoy de maravilla tras romperle la cabeza a ese maricón.
-Yo sé que no.
Me seguí acercando hasta que nuestras caras quedaron frente a frente, él no sabía que pensar, no sabía que me proponía yo, supongo que le tranquilizaría el hecho de que fuera desarmada. Nos miramos durante unas décimas de segundo, luego cerré los ojos y le besé, le besé como no había besado a nadie más en el mundo, nuestras lenguas se entrelazaron, un cosquilleo recorrió mi cuerpo de arriba abajo, noté como mis pezones se endurecían y finalmente sentí un hormigueo en las ingles. Me estaba poniendo cachonda, me estaba poniendo cachonda un individuo al que hacía menos de una hora aborrecía. Abrí los ojos, él tenía cara de sorprendido, claro, ni en lo más remoto de su imaginación hubiera cabido esta situación.
Me estaba poniendo frenética, el se había quedado quieto, sorprendido, quizás aterrado ante lo que había sucedido, estaba perdiendo su encanto, debía hacer algo. Le volvía besar, esta vez con mas ahínco, luego le besé el cuello, cogí su mano y la coloqué sobre uno de mis pechos para que palpara el pezón, luego deslicé la mía hasta su entrepierna, noté algo duro allí, todo iba bien, aún no era tarde. Le bajé los pantalones, no llevaba calzones, su miembro quedó apuntando hacia mí.
-Apuñálame, golpéame con esa porra que tienes- le decía mientras me desnudaba.
Se avalanzó sobre mí e intentó tirarme en la cama.
-Nena, no sabes cuanto tiempo llevo esperando este momento.
-Pues yo llevo bastante menos que tú pero en ganas seguro que te supero, pero en la cama no, quiero que lo hagamos en la silla con que le mataste- dije señalando al fiambre.
Al principio puso algo de reparo pero luego fue un verdadero éxito, lo hicimos de todas las posturas que se puedan llevar a cabo en una silla, por delante, por detrás, por arriba, por abajo, hasta que grandes espasmos de placer pusieron final a la cosa. Había conseguido llegar al orgasmo por vez primera, había sido tras presenciar un asesinato y lo había hecho en presencia de un cadáver.
-Igual lo tenemos que repetir.
-¿Lo qué, el polvo?
-Bueno, lo del polvo sí, pero digo que con asesinato incluido, no sabes como me he puesto al ver toda esa sangre.
-Pues yo no estoy dispuesto a ir matando gente con el simple pretexto de follar.
-Bueno, algo se nos ocurrirá, pero ya me había hecho ilusiones con mi abuelo.

(CONTINUARÁ)

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