domingo, septiembre 10, 2006

MI VIDA EN LA MONTAÑA (III)

. domingo, septiembre 10, 2006

-¿Me vas a besar o no? Ya me estoy hartando.
-Me lo pides con educación, ¿vale?
-Bien, ¿tendría usted la amabilidad de darme un beso que rompa el encanto al que me veo sometida, por favor?
-Bueno, ya que me lo pides así, ..., accedo, pero solo un piquito, que las mujeres me dais asquito, jjijiji, sin haberlo querido un pareado me ha salido.
Luego se acercó a mí y me besó en la frente, no sé si estaba encantada de verdad o eran los efectos de las drogas, pero me sentí liberada en ese momento, así que tenía que tomar el mando de la situación.
-Ahora quítate de una vez mi ropa y lárgate, ya estoy harta de verte por aquí.
-Ya voyyyy, que tía más impaciente.
Hasta ese momento no me había dado cuenta de que me encontraba desnuda y sola en mi habitación, en compañía de un hombre (por decirlo de alguna manera) desconocido.
Al darme cuenta de mi desnudez instintivamente traté de tapar mis partes con lo primero que encontré, el visitante se dio cuenta de mi apuro.
-Uyyyy, no hace falta que te tapes, que no me asusto, cuando me opere me gustaría estar como tú pero con menos pelo, claro, rasurada quedarías mejor, nena.
-En tres capítulos tú eres el segundo que me dice lo mismo sobre mi vello púbico y no tengo ganas de dar explicaciones al respecto (a ver quien pilla una peluquería en esta puta montaña). Vístete de una puta vez y deja de joder la marrana.
Le tiré su ropa y cogí la mía cuando la puerta se abrió de repente y entró él, ese gran amigo de la infancia, ese gran conocedor de la montaña y de todos sus caminos, ese gran...dísimo hijo de puta, mirón, pajillero y follacabras.
-Vaya, parece que de mí no quieres saber nada pero bien que te las entiendes con desvidados como este- dijo señalando al maricón que en ese momento se estaba poniendo los pantalones.
-Maricón nada, es una palabra feota, gay en tal caso.
-Da igual, lo que me jode es que esta perra se vaya con cualquiera menos yo, por lo menos que deje algo para los que andamos necesitados de verdad.
-¿Eso de perra iba por mí, no?, los que me conocen me llaman la "Perra Loca", siempre estoy en celo.
Dicho esto se abalanzó sobre el otro, que había bajado la guardia mientras me diseccionaba con la vista, se le colgó del cuello y le besó en la boca.
- Cofffff cof coffffff ajssssssssssssssspufffffffff!! (*), ¡¡dios, qué asco!!, el maricón este me ha besado, te voy a matar, maricón de mierda.
Apartó al marica de un empujón haciéndole caer sobre la cama, luego echó mano de una silla que había por allí y empezó a golpearle con saña, primero por las piernas y luego por el cuerpo, mientras que la única resistencia que oponía su adversario se reducía a chillidos, gritos y pataletas. Una de estas le hizo blanco en sus testículos haciendo que se retorciera de dolor. Eso le enfureció mucho más, la cara había enrojecido de modo que parecía que le iba a reventar, tenía los ojos fuera de las órbitas y las venas del cuello hinchadas, estaba fuera de sí.
-¡Cálmate!- le grité, -¿no ves que es inofensivo?
En verdad era inofensivo, pero no tanto, pues otra patada volvió a hacer blanco en la entrepierna del asaltante, que se volvió a doblar con grandes gestos de dolor, tenía los ojos inyectados en sangre y echaba espuma por la boca, lo iba a matar, estaba segura, y así fué.
Volvió a agarrar la silla y a golpearle, pero esta vez su objetivo era la cabeza, la víctima intentaba protegerse con los brazos. Luego todo sucedió deprisa.
Primero un chasquido al golpear la silla contra un brazo y partirle un hueso, acto seguido un fuerte aullido de dolor por parte de la víctima y después un certero golpe en la cabeza que le hizo perder el conocimiento. Finalmente en un último intento por salvar su vida consiguió girarse y rodar de la cama abajo, pero nada más.
-Aún vive el bastardo, pero por poco tiempo.
La silla volvió a subir y bajar con furia, se escuchaban golpes sordos que luego se fueron ahogando más, la silla estaba impregnada de sangre, masa encefálica y astillas de huesos. Le había destrozado la cabeza y los pedazos estaban esparcidos en mi habitación.
El asesino sonreía jadeante.
-Ya está, un maricón menos y tú eres cómplice, no te olvides. Más te vale que hagas lo que yo te digo o iremos los dos a la cárcel.

(Continuará)

(*) Onomatopeya por cortesía de Blink

0 Perdieron el tiempo aquí: