martes, julio 18, 2006

UNA LEYENDA URBANA

. martes, julio 18, 2006

El día que más había esperado durante meses por fin había llegado, tras una larga espera y tensas conversaciones por privado y por msn al final ella accedió a visitarme.
¡ELLA, VENIA A VISITARME!
La había ido a recoger al Aeropuerto Internacional da Plaza do Pardexo, en la terminal de Toubás, tras haber pagado yo el billete, claro.
Ella apareció toda azorada, la besé en la mejilla (hubiera deseado darle una pasadita con la punta de la lengua en el diente pero no me pareció adecuado para la primera cita). Me dijo que hacía calor, que tenía algo de sed. Entonces, yo, la llevé a una cafetería cercana al aeropuerto y nos sentamos en una esquina alejada de las miradas curiosas (no quería hombres babeando al ver semejante hembra, la sex-simbol de Terra). Yo me tomé una Mirinda y ella un whisky doble de la marca Cardhu. Estuvimos un buen rato charlando y ella pidió 2 whiskys más, decía que no se le pasaba la sed.
Con la cartera casi vacía, la llevé a dar una vuelta por los alrededores, la noche caía lentamente y habíamos decidido cenar en mi piso y luego salir a dar una vuelta por los locales de moda.
Circulábamos por una carretera con el asfalto hecho una mierda en dirección a la urbe, había poco tráfico en la carretera cuando apareció de frente nuestra un coche con las luces apagadas. Era un coche bastante antiguo, como de esos de las pelis del Torete, un 132 creo recordar. Como buen conductor que soy, les dí unos destellos con las luces largas para que encendieran las suyas. El piloto del otro coche al llegar a mi altura se me quedó mirando con cara de asesino durante la fracción se segundo en que nos cruzamos, esa mirada me dejó helado. También me resultó extraña la pinta de su acompañante, un flacucho de cara amarillenta y coleta a lo Chiquito de la Calzada que además tenía muchos rasgos en común con Michael Jackson.
El caso es que nada más cruzarse conmigo, su coche trompeó, hizo un giro de 180 grados y empezó a perseguirnos. SERPICA palideció, las luces de la noche se le reflejaban en el diente, pese a que el miedo afeaba su cara todavía estaba preciosa, entonces gritó:
-¡¡¡¡LA LEYENDA URBANA!!!!
-¿Qué leyenda urbana?- le pregunté confundido.
-La leyenda urbana ..., ¿es que no la conoces?, está bien clara.
-Pues no caigo.
-Que sí, esa que dice que le das de luces a un coche que viene con ellas apagadas y que luego éste te persigue hasta matarte.
-¡Aaaah sí!, es verdad, pero eso son pues eso, leyendas, no tienen nada que ver con la realidad.
Un rayo iluminó la noche, y de pronto la oscuridad absoluta, la tormeta había hecho caer el suministro eléctrico. Empecé a sentir miedo de verdad y más cuando el 132 nos embistió por detrás y pude ver el brillo de la sonrisa asesina de su conductor.
-ACELERA, GILIPOLLAS, ACELERA QUE NOS MATAN- gritó SERPICA casi histérica.
-Pero, mira la señal, no podemos pasar de 50, quiero morirme sin haber perdido un sólo punto del carnet.
-Pues a este paso lo vas a conseguir, imbécil, antes de que acabe la noche estarás muerto y con todos los puntos del carnet intactos.
Tenía razón, había que hacer algo, y tenía que ser ya. Bajé una marcha y pisé a fondo el pedal del acelerador. El cuentakilómetros marcaba 50, 70, 100, 120, 140, ...180!!!, iba a 180 por una carretera de 50 y pegado a mí un loco en un 132 gris. Tenía que llegar pronto a la ciudad, por allí habría algún policía, aunque con suerte y a la velocidad que iba nos podría parar la Guardia Civil. Pero no fué así, ellos no están para cuando se necesitan.
Mi coche no daba más de sí y el de atrás, como si nada, seguía embistiéndonos.
SERPICA seguía fuera de sí:
-ACELERA, ACELERA ME CAGO EN LA OSTIA.
Lo intenté pero no podía el coche iba al límite. De pronto nuestro perseguidor se salió del rebufo y se puso a nuestra par, inmediatamente con un brusco golpe de volante nos golpeó lateralmente y me hizo perder el control de mi vehículo yendo a estrellarme contra el escaparate de un comercio de electrodomésticos. Mientras, el 132 también había tenido sus problemas, debido al impacto el viejo cacharro trompeó y dió varias vueltas de campana, pero con tanta suerte de que quedó sobre las cuatro ruedas y pudo reemprender la marcha sin problemas, desapareciendo en la noche.
Habíamos salido despedidos del coche para haber ido a parar encima de una fila de congeladores, estábamos los dos empapados en sangre.
Su boca parecía una camiseta del Atlético de Madrid, roja y blanca por la sangre y los dientes.
Habíamos atravesado las lunas del coche y del escaparate y en apariencia no estábamos muy magullados, su diente había servido de ariete y estaba en perfectas condiciones. Ella estaba revisando el estado de su cuerpo en busca de heridas o golpes, suponía, pero de pronto gritó:
-MIS IMPLANTES, MIS IMPLANTES.
-¿Tienes implantes?
-Siiií- sollozaba -en los pechos y en los mofletes, mi escultural figura a tomar por saco.
-Bueno, niña, para mí seguirás siendo igual de guapa.
Me acerqué a ella y la besé en la boca, ella me apartó de un bofetón y me tiró contra una nevera, yo, instintivamente la abrí en busca de algo que comer, pero no había nada.
Entonces las luces de la Policía y de las ambulancias nos iluminaron, estábamos salvados. Un corpulento agente se acercó a nosotros y nos preguntó:
-¿Se encuentran ustedes bien?- inquirió con una sonrisa ¡que yo conocía!, era la sonrisa asesina de mi perseguidor nocturno.
Ya lo dice la Ley de Murphy: "Las cosas que pueden ir mal nunca terminan"
(Continuará)

2 Perdieron el tiempo aquí:

Lectora habitual dijo...

Muy bien relatado, me has hecho revivir la pelicula de leyenda urbana.. sin palabras.

El Responsable dijo...

Pues la peli esa yo no la he visto o no me acuerdo, solo me sonaba algo la historia esa del coche sin luces.